En el corazón de la Patagonia, a caballo entre las regiones de Aysén y Magallanes, se extiende un gigante de hielo a menudo olvidado por el poder central: el Campo de Hielo Sur. Con una superficie de 16.800 kilómetros cuadrados —de los cuales 14.200 pertenecen a Chile—, constituye la tercera reserva de agua dulce del planeta, sólo por detrás de la Antártida y Groenlandia. Es un territorio «más grande que Jamaica, Kuwait o Qatar», como lo describe Roberto Recabal Cárcamo, exalcalde de la comuna de O’Higgins, el municipio que alberga gran parte de este tesoro natural. Desde este rincón austral, Recabal lidera una iniciativa para rescatar del deterioro una pieza clave de infraestructura, mientras lanza un llamado a valorar un patrimonio que considera estratégico para el futuro del país.
El proyecto se centra en el Refugio Eduardo García Soto, la única estructura de resguardo en la inmensidad del plató de hielo. Construido hace más de 22 años, el paso del tiempo y las extremas condiciones climáticas lo han desgastado. «El refugio se ha ido deteriorando y es necesario remodelarlo, habilitarlo de mejor manera», explicó Recabal en una entrevista con el periodista Hugo Araya Leiva para el programa Puntos de Vista de Radio45Sur.
La iniciativa, que se ejecutará entre julio y agosto de este año, busca mejorar la habitabilidad interior del refugio, no sólo para los científicos y turistas que se aventuran en la zona, sino también para los efectivos de Carabineros que recientemente han comenzado a realizar controles fronterizos en el sector. El plan contempla el cambio de la aislación, la renovación de colchones y, de manera crucial, la instalación de un baño seco. «No puede ser que en el siglo XXI, Carabineros, que es una gran institución, tenga que estar defecando y después recogiendo en una bolsita plástica para bajar los desechos», lamentó el ex líder comunal, subrayando la urgencia de dotar de condiciones dignas a quienes ejercen soberanía en la frontera.
La logística del proyecto es un desafío en sí misma y cuenta con el apoyo del Ejército de Chile, que facilitará helicópteros para trasladar los materiales. La idea es, una vez finalizados los trabajos, invitar a autoridades regionales e incluso al Presidente Gabriel Boric «para que se empape, como es de Magallanes (en referencia a su lugar de origen), de esta realidad».
Un gigante olvidado y su potencial
Más allá de la remodelación del refugio, la conversación con Recabal desvela una profunda preocupación por el desconocimiento y la falta de visión estatal sobre el Campo de Hielo Sur. «Este es un inmenso territorio que contiene más de 20.000 años de historia congelada», afirma. Cita mediciones científicas que hablan de espesores de hielo de hasta 2.100 metros y lo define como un laboratorio natural de un valor incalculable. «La Antártida no está muy lejos, pero esto está en la región de Aysén», recalca, señalando que las universidades, los científicos y los estudiantes chilenos deberían tener una presencia constante en el lugar.
Recabal contrapone la situación de Chile con la de Argentina, que en 1982 impulsó la creación del pueblo de El Chaltén como una «política de Estado» para potenciar el turismo y la soberanía. Hoy, El Chaltén es la capital mundial del trekking y gran parte de su oferta turística se desarrolla en el lado chileno del Campo de Hielo. En cambio, un proyecto para crear un museo del hielo en Villa O’Higgins, recuerda el exedil, fue desestimado por una administración posterior al calificarlo de «proyecto loco».
Soberanía y futuro
La reciente presencia de Carabineros para ejercer control migratorio ha modificado la dinámica de la zona, por donde transitan principalmente turistas que acceden desde Argentina. Para Recabal, este es un paso importante, pero insuficiente si no se acompaña de una infraestructura adecuada y una política integral. «Los grandes conflictos del mundo, y no es que lo diga yo, está escrito, van a ser por agua. Y nosotros tenemos este tremendo reservorio», advierte.
La iniciativa de restauración del refugio, aunque de menor escala, se erige como un acto simbólico y práctico. Es un esfuerzo por recuperar un espacio físico, pero también por situar en el mapa mental y político del país un territorio cuya importancia estratégica y científica no hace más que crecer. Como concluye Recabal, «si hace tantos años fueron capaces personas de hacer este refugio, yo creo que hoy día están las condiciones como para hacer algo mejor». Un mejor refugio, y quizás, una mejor visión de futuro para el gigante de hielo patagónico.






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