A menudo confundidas con simples pantanos o ‘tembladeras’, las turberas uno de los ecosistemas más valiosos y desconocidos de la Patagonia chilena son gigantescos reservorios de carbono, reguladores hídricos y cunas de una biodiversidad única. Para desvelar sus secretos y alertar sobre su fragilidad, la profesional del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), María Paz Martínez, conversó con Hugo Araya Leiva en el programa Puntos de Vista de Radio45Sur, adelantando los detalles de una innovadora exposición que buscará sumergir al público en el corazón de este tesoro natural.
“Las turberas son un tipo de humedal con una característica muy especial: acumulan materia orgánica de una forma distinta, debido a la presencia de agua y un pH ácido, lo que ralentiza la descomposición”, explicó Martínez. Para que un ecosistema sea considerado una turbera, debe tener una capa de materia orgánica de más de 30 centímetros, aunque en Aysén pueden alcanzar profundidades de hasta seis metros. Este lento proceso de acumulación es clave para su función más importante: el secuestro de carbono. “Hay más carbono acumulado en las turberas del planeta que en los bosques de todo el planeta”, sentenció la experta, subrayando su papel crucial en la lucha contra el cambio climático.
Sin embargo, este valioso ecosistema enfrenta una presión creciente debido a la extracción del musgo Sphagnum, conocido localmente como “pom-pom”. Esta actividad, aunque regulada por un plan de cosecha, impacta directamente en el equilibrio del humedal. “Cuando cosechamos, sacamos el agua que hay en la turbera y liberamos gases de efecto invernadero como CO₂ y metano. En vez de ser un reservorio, se convierte en un emisor de carbono”, advirtió la profesional de INIA. El musgo extraído es exportado principalmente a mercados asiáticos como Taiwán y Corea, donde se utiliza en el cultivo de orquídeas por su alta capacidad de retención de agua.
La creciente preocupación por su conservación ha impulsado la reciente aprobación de la Ley de Turberas, que busca transitar desde un simple plan de cosecha a un plan de manejo integral. “Eso está en transición”, señaló la investigadora, indicando que el nuevo reglamento involucrará a más instituciones para asegurar una explotación sostenible, priorizando las turberas de origen antrópico (más recientes) sobre las de origen glaciar, que pueden tener más de 9.000 años.
Una exposición para sentir la turbera
Con el fin de acercar esta compleja realidad a la ciudadanía, el INIA, junto al Museo Regional de Aysén y otras instituciones, ha preparado la exposición “Turberas, un tesoro escondido en la Patagonia”. El proyecto, financiado por el Ministerio de Ciencia, se inaugurará el 1 de agosto y permanecerá abierto durante todo el mes en el museo.
Lejos de ser una muestra tradicional, la iniciativa propone una experiencia inmersiva. “Queremos que la gente conozca la turbera de otra forma”, comentó Martínez. La exposición contará con realidad aumentada que permitirá a los visitantes interactuar con la flora y fauna del ecosistema a través de sus teléfonos, una sala sonora y a oscuras para replicar la sensación de estar dentro de una turbera, y perfiles reales de turba que mostrarán las capas acumuladas a lo largo de milenios.
“Es difícil meterse en una turbera porque generalmente uno se hunde”, relató la experta. “La idea es traer la turbera al museo, con sus sonidos, sus texturas y su historia, para que la gente la conozca, la valore y se sume al esfuerzo de protegerla”. La invitación está abierta para que los habitantes de Aysén, desde Melinka hasta Villa O’Higgins, redescubran estos ecosistemas que, aunque frágiles, son pilares fundamentales del equilibrio natural de la Patagonia.








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