En un territorio donde una falla de barcaza o un temporal de nieve pueden sitiar a una comuna entera, la conectividad no es una promesa electoral, es una urgencia vital. Bajo esa premisa, el concejal Mario Figueroa aterrizó en el despacho del recién asumido delegado provincial de General Carrera para exigir que el «gobierno de emergencia» declare prioridad absoluta la mantención de la Ruta CH-265, el único cordón umbilical terrestre que une a Chile Chico con el resto del país.
El edil transmitió la angustia de los transportistas, comerciantes y productores leñeros que arriesgan su carga en una vía precaria. «Es la única ruta cuando se cierran los puertos», advirtió Figueroa, desempolvando además un viejo estudio técnico para construir un alerón en el peligroso Paso Las Llaves. «El delegado conoce el tema desde su época de core; sabe que ese sector se corta periódicamente en invierno», remató, acorralando diplomáticamente a la nueva autoridad.
Pero el petitorio trascendió el asfalto. El concejal reclamó la reapertura de una oficina del Serviu en la comuna —actualmente dependiente de Cochrane— para agilizar el déficit habitacional. Finalmente, apuntando al privilegiado microclima del gran lago, Figueroa exigió descentralizar la educación superior: «Nuestra universidad regional debe expandirse; a Chile Chico le vendría muy bien la facultad de agronomía».








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