La motosierra fiscal de La Moneda ha encendido las alarmas en el extremo sur. El anuncio del Gobierno de José Antonio Kast de aplicar un recorte transversal del 3% al gasto público impactará a la Región de Aysén con una merma directa de 2.500 millones de pesos. Para el gobernador regional, Marcelo Santana, la medida desnuda el centralismo del ajuste económico: aplicar la misma tijera a la Patagonia que a las grandes urbes amenaza con paralizar el motor de la reactivación en un territorio que depende vitalmente de la inversión estatal para generar empleo.
«Entendemos que el presidente Kast necesita hacer más eficiente el Estado ante el déficit heredado de la mala gestión anterior, pero estas rebajas no pueden ser a costa de las regiones», sentenció Santana. El jefe regional fue categórico al marcar la diferencia estructural: «No da lo mismo rebajarle a Santiago o Valparaíso, que tienen su propia dinámica económica, que a la Región de Aysén».
El ajuste asesta un golpe en un momento crítico. Desde que asumió en 2025, la administración de Santana ya había ejecutado un plan de austeridad, cerrando programas de bajo impacto para priorizar obras públicas, sumado a un tijeretazo previo del 3% sufrido a inicios de año. Para Aysén, donde la billetera pública es el principal dique contra el aislamiento, un recorte homogéneo castiga la eficiencia local y condena a las zonas extremas a una mayor postergación.








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