La región de Aysén, un vasto territorio donde los Andes se hunden en el océano Pacífico creando un laberinto de fiordos y canales, se enfrenta a un debate crónico: cómo equilibrar la conservación de su invaluable patrimonio natural con el desarrollo económico. Aunque más del 50% de la región se encuentra bajo alguna figura de protección estatal (Parques y Reservas Nacionales), la otra mitad pertenece a privados. Es en este último sector donde una nueva alianza busca cambiar las reglas del juego mediante la tecnología y los mercados internacionales de mitigación climática.
En la última edición del programa Por Pavimentar, emitido por Radio 45 Sur, Diego Gálvez, representante de la firma tecnológica NTT Data y parte del proyecto Carbon Real, desgranó las claves de una iniciativa que promete revolucionar la forma en que los propietarios privados de la Patagonia se relacionan con sus bosques: la transición de una conservación pasiva a una «conservación activa» financiada a través de bonos de carbono.
El fin de la conservación «a secas»
Tradicionalmente, la preservación privada en el sur de Chile ha estado ligada al concepto de intocabilidad: cercar un bosque y dejarlo ser. Sin embargo, Gálvez advierte que esta pasividad a menudo es insuficiente. «Estás protegiéndolo legalmente de posibles amenazas, pero la parte activa propone potenciar su crecimiento e identificar áreas degradadas para propiciar su regeneración natural», explicó el experto.
El proyecto, que actualmente se encuentra en su fase de descripción y consulta temprana, se focaliza en terrenos privados ubicados a lo largo de los fiordos ayseninos, desde Puerto Cisnes hacia el norte. La herramienta jurídica para blindar estos territorios es el Derecho Real de Conservación, un acuerdo legal y voluntario entre el propietario y Carbon Real que establece un compromiso a largo plazo. Las acciones sobre el terreno incluyen patrullajes, cercados para evitar el ingreso de ganado y la restauración de zonas dañadas del denso bosque siempreverde.
Tecnología para combatir la especulación
La gran interrogante en los mercados voluntarios de carbono a nivel global ha sido, históricamente, la falta de transparencia. ¿Cómo garantizar que un bono de carbono realmente equivale a una tonelada de CO2 retirada de la atmósfera? Aquí es donde entra la pericia de NTT Data.
Para demostrar la «adicionalidad» —es decir, que el bosque captura más carbono gracias a la intervención humana del que capturaría si se dejara a su suerte—, el proyecto despliega tecnología de vanguardia. «Medimos la interacción entre el bosque y el ecosistema a través de unas torres llamadas Eddy Covariance, que funcionan como un termómetro gigante en medio del sitio», detalló Gálvez en Radio 45 Sur.
Esta infraestructura permite medir en tiempo real cuánto carbono extra están capturando los ecosistemas. Posteriormente, estos datos son cruzados con tecnología satelital y validados por estándares internacionales. El resultado es un crédito de carbono altamente trazable, que luego es adquirido por empresas a nivel mundial que buscan mitigar su huella ecológica. Los ingresos generados retornan a los propietarios patagónicos, otorgando viabilidad económica a mantener el bosque en pie.
Una invitación a la comunidad aysenina
Lejos de ser un modelo cerrado a grandes terratenientes, la iniciativa busca acoplar a familias históricas de la Patagonia y pobladores que poseen desde pequeñas parcelas hasta grandes extensiones. Si un predio reúne las características ecológicas necesarias, puede sumarse al «pool» de áreas de conservación activa del proyecto.
Conscientes de que la sostenibilidad de estos modelos depende del arraigo local, los impulsores de Carbon Real han iniciado un proceso de integración comunitaria. «Entendemos que es bien importante que la sostenibilidad se comience a discutir cada vez más, y que la gente se apropie del modelo de desarrollo que quieren para sus territorios», subrayó Gálvez.
Para materializar esta inclusión y despejar dudas, el proyecto realizará talleres de consulta temprana abiertos a la comunidad. El primero tendrá lugar el martes 7 de abril a las 11:00 horas en el Hotel Dreams; y el segundo se celebrará el jueves 9 de abril a las 18:00 horas en la localidad de Puerto Cisnes.
La iniciativa marca un punto de inflexión en Aysén: la demostración empírica de que la innovación tecnológica y el conocimiento del territorio pueden forjar una alianza donde el bosque, las comunidades locales y el clima global salgan ganando.








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