Comienzo con 3 historias.
Se cuenta que, en una de las visitas del entonces presidente Sebastián Piñera a la zona, consultó a un líder empresarial local sobre qué necesitaba Aysén para desarrollarse. La respuesta del dirigente fue algo curiosa: ‘La pregunta es qué viene usted a ofrecernos’. El mandatario habría quedado sorprendido y sin respuesta
Durante el trabajo de campo para mi tesis, entrevisté a un político retirado con más de 20 años en cargos de elección popular, incluyendo presidencias de partido y comisiones regionales; alguien representativo de la política aysenina. En esos días, el expresidente Boric realizaba su primera visita a la región. Al preguntarle su opinión sobre los anuncios presidenciales, su respuesta fue casi idéntica al caso anterior: ‘No sirve, porque no vino a ofrecer nada’.
La tercera historia nace de las reacciones ante la contracción del 9,6% del PIB regional en un trimestre de 2024. En un medio de alcance nacional, diversas autoridades acusaron un ‘abandono’ por parte del Estado.
Se vislumbra un patrón en la relación entre el liderazgo de Aysén —y, por extensión, sus habitantes— y el Estado chileno: una sensación de deuda histórica que se manifiesta en conceptos como ‘centralismo’ o, más categóricamente, ‘abandono’ o ‘aislamiento’. Bajo esta lógica, cualquier autoridad nacional, sea un ministro o el propio presidente, debe ofrecer algo a los ayseninos en compensación
No sorprende, entonces, que ante la reciente comitiva regional —encabezada por parlamentarios, el Gobierno Regional y gremios empresariales— que presentó propuestas al Ministerio del Interior para amortiguar el alza de combustibles, un medio local titulara: ‘Situación de Abandono’. Lo que pudo interpretarse como un signo de unidad regional, terminó filtrado por esa vieja narrativa de la queja
¿Por qué es relevante destacar esto? Porque el relato del aislamiento es débil, especialmente desde la óptica de un tomador de decisiones en Santiago. Para un ministro o subsecretario, la prioridad son los indicadores que le permitan comparar rápidamente entre regiones, como la pobreza medida por la encuesta CASEN o los ingresos per cápita que prepara el INE. En estas variables, Aysén suele situarse sobre el promedio nacional. Así, para quien observa los datos fríos, en la región no habría crisis mayores y, por ende, tampoco necesidad de apoyo extra. Es más, según me confió un alto representante del Gobierno anterior, el Estado transfiere a Aysén cuatro veces lo que la región le retribuye.
Este problema argumentativo quedó en evidencia recientemente. De las 40 medidas anunciadas en el Proyecto de Ley de Plan de Reconstrucción Nacional, ninguna menciona a las zonas extremas ni propone aplicaciones diferenciadas, pese a que el documento se presentó justo después de la reunión de la comitiva regional con el Gobierno. Esto muestra que los reclamos locales simplemente no hicieron eco en el Ejecutivo o, dicho de otro modo, no lograron convencer. Si bien desconozco los pormenores de esa reunión, tuve acceso a las propuestas entregadas por el grupo regional y, como era de esperar, consistían mayoritariamente en peticiones de gasto fiscal bajo el argumento de la excepcionalidad regional: el discurso de siempre. Es difícil que un Gobierno que opera bajo una lógica de estrechez fiscal acceda a las demandas de una región que, en las cifras macro, no parece tener problemas críticos.
Claramente, para quienes habitamos aquí, tal afirmación resulta chocante y ajena a la realidad de las zonas más remotas. Por lo mismo, si aspiramos a un trato diferenciado, debemos cambiar el relato. El discurso del abandono no solo es difícil de sostener técnicamente, sino que ha dejado de ser útil.
Este giro requiere una nueva predisposición de nuestras autoridades: pasar de la exigencia a la propuesta. Es momento de dejar de hablar del ‘potencial’ de la Patagonia para empezar a presentar proyectos de alto vuelo que demuestren que Aysén tiene agencia propia. En esto, los medios también son clave. Los titulares anclados en la queja ya no son aceptables; es preciso dar un salto y mostrar a la región desde sus ventajas comparativas
Se puede. Pero es preciso dar un salto cualitativo en cómo nos presentamos frente al resto de Chile y el mundo.









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