El Concejo Municipal de Aysén aprobó formalmente durante la jornada de este jueves denominar “Centro Recreativo Alcalde Óscar Catalán Sánchez” al predio público del balneario de Bahía Acantilada. El acuerdo se selló tras una sesión marcada por la emotividad de los asistentes, zanjándose la votación unánime del cuerpo colegiado comunal. Con esta determinación institucional, la comuna resuelve perpetuar en su principal espacio recreativo a la figura que rigió los destinos locales durante cinco mandatos (1996-2008 y 2012-2019), cerrando años de controversias sobre el lugar que debe ocupar su memoria en la toponimia regional.
El desenlace representa, en los hechos, una revancha simbólica para sus partidarios. Poco después de su fallecimiento en enero de 2021, a los 59 años víctima de un cáncer, sectores afines promovieron rebautizar la céntrica calle Esmeralda —arteria neurálgica donde se ubica el edificio consistorial que condujo durante 19 años— con el nombre del exjefe comunal. Aquel proyecto naufragó rápidamente ante los reparos patrimoniales expresado por el Concejo Municipal de la época por borrar una denominación de profunda raíz republicana. La vía de escape para inmortalizar al caudillo estaba a quince kilómetros del centro urbano, precisamente en la ribera marina que él mismo se empeñó en transformar.
Para comprender la gravitación de Catalán a orillas del río Aysén resulta necesario retroceder a 1985. Aquel año, un joven profesor de Historia y Geografía oriundo de Bulnes arribó para hacer clases en las aulas del Liceo Politécnico A-1. Con una oratoria directa, sentido del humor popular y un trato afable, descifró con rapidez el sentir de una población castigada por el aislamiento geográfico y el clima implacable. Al conquistar el sillón municipal en 1996 bajo el alero de la UDI, consolidó un estilo asistencialista y resolutivo, de audiencias permanentes y puertas abiertas, que lo transformó para las bases comunitarias en el entrañable «Profe» y también popularizado como «el sheriff».
Bajo su impulso se articularon algunas de las obras más determinantes de la historia porteña reciente. Catalán encabezó intensas gestiones y presiones institucionales para la edificación del nuevo Hospital de Puerto Aysén, dotando a la zona de un estándar asistencial largamente postergado frente al centralismo de Coyhaique. A ello sumó el imponente Polideportivo 21 de Abril —uno de los recintos techados más modernos del sur austral—, el hermoseamiento de la Costanera Condell frente a la corriente fluvial, la histórica Población Litoral Austral y el Parque Municipal (ex Isla Díaz). Además, en 2015 inauguró el remodelado complejo de Bahía Acantilada, convirtiendo un agreste rincón del fiordo en un balneario con quinchos, pasarelas y accesos universales.
Aquella misma geografía marítima casi le costó la vida. El 21 de abril de 2007, mientras recorría en lancha el fiordo para entregar equipos de radiocomunicación en Playas Blancas tras meses de enjambres sísmicos, un violento terremoto de 6,2 grados desató un tsunami local con olas de más de seis metros. La comitiva municipal fue arrasada por las aguas heladas, falleciendo en el lugar dos de sus integrantes, Ricardo Figueroa y su pequeña hija Melissa. Catalán logró sobrevivir al naufragio, un episodio dramático que afianzó definitivamente su mito de sobreviviente entre los habitantes del litoral.
Sin embargo, su figura nunca conoció los consensos unánimes. Sus adversarios censuraron duramente sus convenios y respaldo público a megaproyectos como Energía Austral y Alumysa —a contrapelo del movimiento ecologista patagónico—, así como reiterados cuestionamientos de Contraloría y litigios judiciales que ensombrecieron el cierre de su ciclo edilicio. Desde hoy, con el veredicto del Concejo ya consumado, el nombre de Óscar Catalán Sánchez queda inscrito de manera definitiva en el fiordo que casi lo devora, sellando la coexistencia eterna entre Puerto Aysén y su líder más influyente y polarizante.








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