Llega un momento en la vida en que comenzamos a hablar de décadas cuando rememoramos algo conjugado en pretérito. A ella la conocí hace ya varios años atrás en un mundo cuadrado que se pasea entre lo febril y lo funesto de la sentencia y la obediencia a personajes, muchos de ellos, sin cabeza.
“Prefiero ser tiburón” comenta en una publicación de Instagram sobre Puerto Gala, cuando la comparan con una sirena, esa figura casi milenaria asociada a la fragilidad femenina mezclada con escamas de mar. Ella se niega a esos clichés de prensa masculina y me lo refrenda cuando se lo pregunté, por curiosidad casi anecdótica. “Me gusta el tiburón porque no le tiene miedo a nada” lo menciona, durante la informalidad previa a la entrevista, con cierto orgullo cuando escoges el tótem que te definirá la vida.
Ella le agradece a Dios sin más; yo no, eso es pretérito, una costumbre de obediencia que no hace correlato con las alas que alguna vez, un escritor promontorio, prometió a niñitos desvencijados por las crueles intenciones de los niños-bien.
Pero lo importante es la entrevista a ella y comprender que esta herramienta nos entrega pinceladas muy propias de lo humano que somos y Vanessa Garrido, la muchacha atlética y deportista que conocí décadas atrás, ahora nada como pez en sus propias aguas, incluso muy gélidas y con guarniciones de medusas a la espera. Por eso cuando nos reunimos en el café para dar paso a esta entrevista, nos abrazamos y ella sonrió como la recordaba.
¿Cuéntanos cómo comenzó todo?¿Cuál es la historia de vida que alimenta la práctica de la natación y deportiva en general?
Primero que todo, encantada de transmitir un poquito de lo que me apasiona y de lo que amo que es el deporte. Yo vengo del atletismo. Corro desde pequeña, tengo una familia atleta, mi mamá también lo es. Me fui a Santiago un par de años, me destaqué a nivel nacional en diferentes pruebas de pista, cross, etc. Pero soy de acá, de Coyhaique.
El tema de la natación, empezó con el triatlón hace cuatro años cuando quedé en un Patagonman. Participé en la versión de diciembre pasado también, fui la primera mujer en la región en hacer un Ironman extremo. Y la natación empezó a raíz de eso, la natación me cautivó. La natación en aguas abiertas la amó profundamente, igual que correr.
¿Cuál de las dos prefieres? ¿Atletismo o natación?
No podría elegir una preferencia entre los dos deportes en mi vida. La natación me devolvió la vida, me pilló en una etapa que no estaba muy bien emocionalmente, el 2020 antes de que me comenzara la pandemia. Aprendí con Felipe Aguilar en laguna Cea y aprendí así, en aguas abiertas altiro en el frío, de una, como buena patagona y no lo dejé más. Nado en mar, nado en lago, en donde sea.
Todas las competencias de triatlón en el norte son en el mar. El año pasado participé en el Open Water, que son cinco kilómetros de nado en mar abierto. Me fue bastante bien, salí quinta en la general dama y segunda en mi categoría. Así es que el nado ha sido de menos a más.
Quiero hilar lo último que mencionaste con Puerto Gala, una hazaña importante ¿Puedes contarnos un poco sobre la experiencia de nadar 7,5 kilómetros en las aguas gélidas del canal Moraleda?
Fue una experiencia maravillosa y gratificante. Conocí gente muy jugada de la pesca artesanal, el buceo, de toda esa gente que vive en el litoral. Rescato eso y toda esa gente que pude conocer que fue el mejor regalo. Poder terminar este nado de más de 3 horas, gracias a mi entrenamiento, que siempre estoy nadando, que siempre me estoy fortaleciendo en el agua, así como le doy gracias a Dios que me permitió terminar esto de buena manera. Lo de Gala marcó un antes y un después en mi carrera deportiva en la cual transito ahora desde hace varios años ya.
En estos tres años has tenido un ascenso rápido, logrando resultados notables para una práctica deportiva, que en comparación con el atletismo, lleva menos tiempo en tu vida. Pero me llama la atención como describes las situaciones, el amor que aflora en aquello ¿Podrías explicar aquello con una analogía o alguna comparación?
Es tan difícil – menciona, mientras se ríe nerviosamente- Es como cuando vas a una cita con alguien que quieres mucho, que anhelas. Eso me pasa a mi cuando entreno (para natación). Yo entreno los martes y jueves natación a las 6 de la mañana y me preparo, ordeno mi equipo, si pasé un mal día anterior se me olvida nadando, es una sensación – mira hacia arriba, buscando la palabra justa y le pregunto ¿te liberas? – Sí, es una sensación de todo un poco, pero de mucha tranquilidad.
¿Puedes contarme qué es lo que viene ahora en julio y en este segundo semestre de 2023?
Vengo de varias competencias del año pasado. Por no tomarme los descansos necesarios, me lesioné, sufrí un desgarro. Sin embargo, ya estoy saliendo de él, volviendo a correr y retomando mis entrenamientos normales. Este mes de julio estaré en Coquimbo entrenando con amigos del Club 4R, un club de triatlón y estaré allá porque en agosto compito en Arica, en septiembre en Coquimbo y en octubre en La Serena, así es que tengo varias competencias ahora este semestre y me quiero preparar bien. Me gusta mucho competir.
Con respecto a tu carrera como deportista y competidora de alto nivel y conociendo la realidad nacional respecto del deporte que, muchas veces, resulta insuficiente en cuanto a recursos ¿Has tenido apoyo por parte del Estado o del mundo privado para poder continuar realizando estas competencias que tanto te apasionan?
Después del Patagonman, se me abrieron algunas puertas. La Gobernadora se me acercó y me sugirió postular a una asignación directa mediante proyecto y salió aprobado. El Gobierno Regional me financió estas tres competencias, con pasaje e inscripción y eso para mí fue una tremenda ayuda, pero eso es una vez. Sí, falta el apoyo también de empresas privadas que se pongan la camiseta por deportistas, todos esos granitos de arena suman para la carrera y le hace bien a estas empresas ese tipo de propaganda. Estar en movimiento es la idea, es el único cuerpo que tenemos.
¿Y la infraestructura?
No. Nosotros tenemos la piscina del Parque Austral y hay que pagar. Son contadas las personas que ayuden. Hace falta un Polideportivo en Coyhaique como el que tiene Puerto Aysén. Sería maravilloso.
Finalmente, eres una mujer que cumple distintos roles en el día a día: trabajadora, madre y deportista ¿Qué puedes decirles a otras mujeres o personas en general que se inician en los deportes acá en esta región?
Para el Patagonman, terminé super bien esa carrera. Yo pensaba o me conformaba con llegar última, pero salí 14 de entre 35 mujeres que vienen de todo el mundo, hice una buena carrera y quería demostrar que la mujer sí puede, que la mujer patagona, la mujer que es mamá, la mujer que trabaja, la que tiene miles de dificultades, si se puede.
Pero sí, son hartas cosas que en el camino, tienen que ir aprendiendo, madurando. Aprendí a madurar mucho con el machismo presente en la región, las mismas personas que piensan que no vas a poder, generalmente hombres. Confieso que me ayudó mucho a terminar la carrera. Varias veces pensé eso y me dio muchas fuerzas para seguir.
En la región hay muchas mujeres que hacen distintos deportes. Las motivo a que no les importen las adversidades. He visto jovencitas que llegan muy solas a entrenamiento y me veo reflejadas en ellas. A veces, los padres no pueden apoyar por tiempo o trabajo, el apoyo de la familia que a veces es ausente. Llamo a que no se desanimen. El deporte es una gran herramienta contra la depresión, contra las drogas, contra la baja autoestima. Es un arma poderosa, el deporte que sea y aquí en la región hay mucho potencial.
Terminamos la conversación, hablando de lo anecdótico de Puerto Gala y que ni siquiera estaba al tanto de aquellos kilómetros por realizar, además del dolor en el cuello por las picaduras de medusa, mientras realizaba el nado. Su objetivo, eso sí, es el siguiente y con sus palabras: “Mi anhelo y objetivo aunque me cueste sudor y lágrimas, es poder clasificar a un mundial de triatlón y decir clasifiqué por la región de Aysén a un mundial de triatlón. Ese es mi objetivo.”
Después, nos despedimos con afecto nostálgico y partimos cada quien por su rumbo, ya en la noche, que a pesar de las luminarias cambiadas, Coyhaique nunca deja de ser una ciudad de sombras extensas.
por Andrés Latorre








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