En el marco del Mes de las Juventudes, el director regional del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) en Aysén, Camilo Triviño Urtubia, ha expuesto un diagnóstico claro y contundente sobre la realidad de este sector de la población: demandan una participación real en la toma de decisiones y no solo ser convocados a eventos puntuales. Durante una entrevista con el periodista Hugo Araya Leiva en el programa «Puntos de Vista» de Radio45Sur, Triviño también alertó sobre las preocupantes cifras de ansiedad juvenil y la escasa infraestructura municipal para atender sus necesidades.
«Para nosotros es un avance que ya se diga el mes de las juventudes», comenzó Triviño, destacando que el enfoque ha pasado de celebrar un solo día a dedicar 31 jornadas a visibilizar las inquietudes y propuestas juveniles. Sin embargo, la principal demanda va más allá del calendario. «La primera (demanda) tiene que ver con espacio de participación y, sobre todo, espacio de decisión», afirmó con rotundidad. «No basta solamente con generar actividades masivas donde vayan, realicen mapeos, quede la información dentro de nosotros como instituciones y después las juventudes se van para la casa».
Este reclamo se fundamenta en un sentimiento de estancamiento, donde los jóvenes perciben que sus aportes no se traducen en cambios tangibles, lo que merma la confianza en las instituciones. Según el director, el desafío es pasar de una lógica «asistencialista» a una de metodologías «participativas y atingentes», donde la voz de la juventud no solo sea escuchada, sino que tenga un impacto real en las políticas públicas.
El mito de la apatía y la realidad de la salud mental
Contrario al estereotipo del joven apolítico, el personero de gobierno desmintió esta percepción con datos de la última Encuesta Nacional de Juventudes. “El 35% de las juventudes declaraba estar interesada en política, anteriormente había sido de un 22%. Nos rompe mucho el paradigma de decir ‘las juventudes no están participando’. Sí lo están haciendo”, subrayó, indicando que el 60% de los jóvenes declara organizarse en sus barrios, centros educativos o clubes deportivos.
Paralelamente, una de las preocupaciones más acuciantes es la salud mental. Los datos regionales son alarmantes: «El 20% de las juventudes posee sintomatología de ansiedad severa o moderada. Esto nos dice que uno de cada cinco jóvenes posee esta sintomatología», reveló Triviño. Esta cifra evidencia una crisis silenciosa que, según el director, requiere un abordaje integral que comience incluso antes de la adolescencia.
Un ecosistema público deficiente
La entrevista también puso sobre la mesa una debilidad estructural en la región: la falta de soporte institucional a nivel local. “De las 10 comunas que están presentes (en la región), solamente una está funcionando con Oficina Municipal de Juventudes”, denunció Triviño. Esta carencia, a su juicio, es un gesto político que deja en evidencia la baja prioridad que se otorga a este segmento. “El que haya nueve comunas sin representación de Oficina de Juventudes, a nosotros nos preocupa”, sentenció, explicando que los municipios son la puerta de entrada principal de la ciudadanía al Estado.
Para contrarrestar este déficit, el INJUV ha apostado por una estrategia de despliegue territorial, llevando sus programas a comunas como Guaitecas, Chile Chico o Aysén, y planificando rutas hacia el norte y sur de la región. El objetivo, explicó el Director Regional, es descentralizar la oferta y construir, en conjunto con los propios jóvenes, una hoja de ruta que responda a sus verdaderas necesidades, como la que están elaborando con el municipio de Coyhaique. “Nosotros creemos que las juventudes son agentes de cambio y bajo esa mirada, en ningún momento pueden ser un rol pasivo”, concluyó.








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