En un escenario donde las administraciones locales suelen asfixiarse por el déficit estructural, la Municipalidad de Coyhaique ha marcado un punto de inflexión. Por segundo año consecutivo, la capital regional cerró su ejercicio con números azules, registrando un superávit de 2.700 millones de pesos. A este robusto colchón fiscal se sumarán 508 millones frescos provenientes de la Ley de Royalty Minero, una inyección de liquidez que permitirá al municipio acelerar su cartera de inversiones y saldar deudas históricas con el espacio público patagón.
La disciplina en el gasto ya tiene un correlato en la calle. El saneamiento de las arcas permitió elevar a más de 1.000 millones de pesos las transferencias directas a juntas de vecinos y clubes, sosteniendo el tejido comunitario local. En paralelo, la hoja de ruta urbana contempla la compra de maquinaria estratégica —como un autohormigonador y una trasplantadora de árboles—, la instalación de baños públicos modulares y la revitalización del Parque Urbano.
«Cuando se administra con planificación es posible generar recursos que se transforman en inversión concreta», subrayó el alcalde Carlos Gatica. En esa línea, el jefe de Planificación (SECPLAN), Marcelo Prambs, explicó que adquirir activos propios rompe la dependencia de los arriendos privados, generando «un ahorro significativo a mediano plazo» para responder a las urgencias de la ciudad.








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