En un rincón del país donde la geografía impone sus propias reglas, la política parece seguir dictándose a miles de kilómetros. La Universidad de Aysén (UAysén) se convirtió esta semana en el epicentro de una reflexión urgente sobre la autonomía territorial, al presentar los resultados del Barómetro Regional 2024. Los datos son elocuentes: un 57% de los ayseninos percibe que el centralismo ha recrudecido en el último tiempo, una cifra que supera por casi 20 puntos porcentuales la media del resto del país, desnudando una herida abierta en la Patagonia chilena.
El coloquio académico “Descentralización y Regionalización en Aysén” reunió a investigadores y ciudadanos para analizar este malestar. Bajo la premisa de que la distancia no es solo física, sino también de poder, los académicos Miguel Contreras, Ignacio Sepúlveda-Rodríguez y Javier Fernández abordaron cómo el aislamiento define la identidad regional y fragmenta la confianza pública. Contreras, de la Universidad de Chile, expuso sobre las transformaciones de una regionalización que aún no logra responder a las demandas históricas de las comunidades locales.
Para Sebastián Ibarra, jefe del Departamento de Ciencias Sociales de la UAysén, este encuentro no es solo un ejercicio intelectual, sino una herramienta para la acción política. “Esperamos poner estos análisis a disposición de la comunidad”, señaló, subrayando que el Barómetro es hoy un termómetro crítico del desarrollo regional. En un territorio que exige competencias reales para decidir su destino, la academia busca que el dato estadístico se transforme en el motor de una nueva relación con el Estado central. Tras el debate, disponible en las plataformas digitales de la universidad, queda una certeza: en Aysén, la descentralización no es una aspiración técnica, sino una cuestión de dignidad territorial.
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