El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó este 30 de septiembre que la tasa de desocupación en la Región de Aysén se situó en 4,0% durante el trimestre junio-agosto de 2026, una baja interanual de 0,3 puntos que no refleja mayor dinamismo económico, sino una contracción de las personas disponibles para trabajar.
El reporte evidencia un panorama desafiante para los hogares patagónicos. La estimación de trabajadores ocupados cayó un 2,3% en doce meses, arrastrada por el fuerte desplome en actividades productivas clave como la agricultura y la pesca (-34,0%), junto a bajas en educación (-10,0%) y comercio (-7,0%). En contrapartida, el sector salud amortiguó la caída con un alza del 29,3%.
El impacto muestra rostros dispares según género. Los hombres sufrieron el mayor castigo con una merma del 5,6% en sus puestos de trabajo, lo que elevó su cesantía individual de 2,3% a 4,0% en doce meses. En tanto, aunque la ocupación femenina creció un 1,9%, la precariedad se profundizó: la informalidad entre las trabajadoras escaló al 29,4%.
A nivel global, la región perdió empleos con contrato y derechos laborales básicos —los asalariados formales disminuyeron 2,0%—, mientras el grupo de inactivos trepó un 8,4%. Son más de 28.600 ayseninos que hoy se mantienen al margen del mercado laboral, sin buscar ocupación activa ante la escasez de alternativas en la zona.








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