El Hospital Regional Coyhaique rindió homenaje esta semana a 30 funcionarias y funcionarios que cumplieron entre 30 y 50 años de trayectoria institucional o que se acogieron a retiro durante este año, en el marco de la conmemoración de su 89° aniversario. La ceremonia, realizada en la capital regional de Aysén, reconoció la vocación y el sacrificio de quienes sostuvieron el desarrollo de la salud pública en el único establecimiento de alta complejidad de la zona austral, un recinto clave que concentra a más de 1.500 trabajadores y representa el principal polo laboral del territorio.
Para la comunidad aysenina, el hospital trasciende con creces su función clínica. La directora subrogante del centro, Victoria Pinto, destacó que su historia está tejida por profesionales que llegaron de distintas latitudes de Chile para cubrir vacantes médicas en el aislamiento, terminando por asentar raíces definitivas en los valles del sur. “Este hospital está construido sobre las vidas y el grano de arena de cada uno de ellos. Muchos llegaron por trabajo, formaron familia y vieron nacer y partir a sus seres queridos en estas mismas dependencias”, reflexionó la directiva al desear un merecido descanso a los homenajeados y renovar las energías del personal activo.
Entre los galardonados brilló la trayectoria de Bernardo Vallejos Guzmán, tecnólogo médico con 45 años de servicio ininterrumpido. Arribado a la región en julio de 1977, Vallejos asumió la jefatura del Laboratorio Clínico y del Banco de Sangre, liderando además la instalación técnica de los laboratorios en comunas apartadas como Puerto Cisnes, Cochrane y Chile Chico. “Ha sido un camino de entrega total. Pude aportar al desarrollo del apoyo diagnóstico para nuestra gente y recibir este cariño me deja el corazón llenito”, compartió con emoción el profesional.
Un testimonio igualmente elocuente fue el del doctor Pedro Pablo Pinto Guerrero, cirujano general y mastólogo que ingresó al hospital en marzo de 1980. Desde sus pabellones, Pinto encabezó estudios pioneros a nivel nacional sobre la enfermedad hidatídica —patología endémica del campo patagónico— y formó el equipo de patología mamaria. “Llegué siendo un médico inexperto y esta tierra me permitió crecer en lo humano y lo técnico; aquí conocí a mi esposa y nacieron mis tres hijos. Me considero un patagón más y espero que las nuevas generaciones continúen cuidando a nuestra población”, expresó el facultativo, quien culminará su carrera tras cuatro décadas de servicio.








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