El día es lluvioso. Es un viernes y los viernes es un agrado que llueva. Aún así, nos dirigimos a Game House, un emprendimiento local que se especializa en juegos de mesa y cartas. La entrada es discreta, pero eso no quiere decir que su interior lo sea, pues te encuentras con vitrinas muy bien presentadas con las novedades del rubro de juegos de mesa. Además, está adornado con un cautivante mural realizado por la artista Sally Sade, como nos explica Elvis Valenzuela, nuestro entrevistado de esta semana y uno de los responsables de Game House, quien nos invita a esperar mientras atiende a su clientela variada y perspicaz en lo concerniente a lo que ofrece este local, de forma muy cordial y con entusiasmo. Finalmente, se dirige hacia a nosotros y nos invita a sentarnos para comenzar la entrevista y me pierdo un momento focalizando la mirada en un funko pop de Ahsoka, para volver y hacer la primera pregunta.
¿Cuándo fue el inicio de Game House? Y ¿Por qué se decidió por este emprendimiento?
Esto comenzó hace cuatro años atrás, a principios del año 2019. Esto fue una decisión que tomamos en conjunto con mi pareja. En un principio nosotros íbamos hacia el norte y adquirimos distintos juegos. Cuando pasábamos a las tiendas, habían mesas donde la gente jugaba y dijimos: “esto falta en Coyhaique”. Por lo tanto, «sacamos una pequeña inversión, conseguimos el local de lado al actual, pusimos unas mesas y dijimos démosle una oportunidad, más de una persona querrá jugar con sus juegos de mesa que tiene amontonados en casa. Hicimos una publicidad de una semana y el 4 de marzo de ese año abrimos Game House. Se llenó, contrario a nuestras expectativas que llegarían de a poco.
Además somos profesores y siempre hemos visto que los chicos les cuesta relacionarse entre ellos y el contacto que tenemos con ellos, con estudiantes de capacidades diferentes, como autismo, asperger, [se] conectaban con lo lúdico. Descubrimos que a mucha gente le gusta esto».
Por lo tanto, su rol como docentes generó un nexo para ver de forma efectiva de que existen diferentes estudiantes, que, mediante el juego no tan sólo generan aprendizajes, también generan lazos ¿A eso te refieres?
«Así es, eso nos motivó mucho más. Llegaron chicos con mucha timidez y comenzaron a relacionarse, a compartir. Muchos padres nos dieron las gracias porque en la casa se fortalecieron esos lazos en sus familias. Incluso otros prefieren venir acá que estar en sus casas. Por supuesto, primero las tareas. Pero aquello nos confirmó que había que seguir creciendo, prestar este servicio donde no buscamos hacernos ricos, ni generar ganancias, sino brindar un espacio. De ahí nace Game House, un lugar donde los jóvenes vengan a compartir, a jugar.
Sin embargo, llegó el estallido social y después la pandemia, donde las ventas bajaron considerablemente pero el servicio hay que entregarlo, la gente necesita salud mental, necesita relajarse en sus casas, así es que trajimos juegos familiares y comenzamos a entregar a domicilio».
Son cuatro años complejos. Iniciaron en marzo de 2019 y después vino lo que ya conocemos de sobra. Sin embargo, ya cumplieron cuatro años. Pero en ese tiempo de pandemia ¿Solamente concretaron ventas? ¿O realizaron otras actividades?
«Bueno, como te mencioné, hacíamos entrega a domicilio, pero también realizamos videollamadas para explicar el juego a nuestros clientes, que nos llamaban en diferentes horas, pues nuestra idea es el servicio. Podría haber colocado la página con ventas todo el día, haber abierto y poner cloro, como muchos otros lugares lo hicieron. Pero insisto, lo nuestro es el servicio prestado enfocado en lo lúdico, en los juegos. Muchos emprendimientos se quebraron, pero nosotros nos mantuvimos a punta de esfuerzo, con nuestros propios recursos. Sólo hemos ganado un proyecto SERCOTEC en 2019, el resto ha sido plata nuestra. Te preguntarás ¿Le irá bien? No, no nos va tan bien. Podríamos cerrar el local y vender por internet para evitar gastos, pero ¿Quitarle el espacio a los chicos? ¿A las familias que vienen a compartir? No».
Has mencionado bastante la palabra “servicio” que es curioso en un mundo de emprendimientos donde se busca lograr una ganancia, lo que es lícito. Desde tu perspectiva, también como docente ¿La gente es más feliz viniendo acá a Game House?
«Sí, niños que entraban tímidos, sin hablar con nadie. Madres y padres que me han llamado explicando que sus hijos tienen capacidades diferentes y [preguntando] si pueden venir a la tienda para que sus hijos jueguen, yo les he dicho “tráigalo”. Y hemos visto los cambios, lo atendemos en persona, le enseñamos a jugar y vuelven, ver también esa sonrisa cuando abrimos el local, ver que en un principio se quedaban solitos en la mesa y después, te saludan “Hola tío ¿Cómo está?” y comparten con personas de diferentes edades, en una relación de respeto. Entonces, si lo vemos. Recibimos agradecimientos de los padres, de los cambios que se producen en ellos, de cómo cooperan en casa, porque se enseña a controlar la frustración, te enseñan diferentes habilidades de cooperación, de contacto tú a tú, físico y emocional. Gente adulta que compra un juego de mesa y recuperan espacios de integración familiar y vuelven para buscar recomendación y adquirir otros juegos, porque nos dicen incluso que hace mucho tiempo no lo pasaban tan bien, rememorando aquellos años donde se jugaba el Gran Santiago. Eso hemos recuperado, que un padre o madre quiera jugar con sus hijos, hay una variedad enorme de juegos para escoger, no solamente Monopoly o UNO».
Así es. Tienes una gran variedad de juegos, bien presentados y lo que comentas sobre el impacto que produce la opción lúdica con niños, jóvenes y familias. Pero cuéntame ¿Cuáles serían las proyecciones y novedades para Game House?
«En este momento estamos en una etapa de transición. En un momento dijimos “cerremos” porque nos ha costado recuperarnos por lo mencionado denante sobre que hemos tenido que colocar plata de nuestro bolsillo. Sin embargo, nuevamente, espacio perdido. Pero lo primero es mejorar la visual de nuestra tienda, mostrarnos más para la gente y hacerla más llamativa, porque no se puede realizar un cambio de fachada sin autorización previa del municipio.
Como se retomaron los servicios, en términos de competencia, Game House forma parte de la Devir Store, que es un liga nacional de juegos de mesa, donde nos patentan para ser una tienda oficial que permite hacer clasificatorios a competencia nacional de juegos de mesa y esta selección de nuestra tienda se debe a nuestros 4 años de prestigio. Esto nos permite el 23 de marzo realizar nuestro primer clasificatorio acá en Coyhaique. Somos tienda oficial de Magic, buscando reafirmar aquello convirtiéndonos en tienda premium, porque te catalogan como tienda básica o premium. Estamos asociándonos para ser tienda oficial de Pokémon, al igual que Yu-Gi-Oh! que por temas de pandemia quedaron detenidos, pero retomamos y los formularios están presentados, así es que esperamos que a fines de marzo o principios de abril, nos otorguen las licencias correspondientes. Además, para nuestros proveedores -Devir Store- nos reconocen como una tienda de juegos de mesa referente en la región, destacando nuestro buen posicionamiento a nivel nacional, a pesar de ser una tienda regional. Como también, el convenio con el Centro Cultural de Coyhaique para realizar talleres los días sábados en el tema».
Continuamos hablando con Elvis sobre las vicisitudes por las que ha pasado Game House, su construcción de comunidad local de juegos de mesa, además de su interés por la gente que conoce, campeonatos que realiza y su mirada interesante sobre la juventud coyhaiquina. Enfatiza su impronta servicial y aquello es lo que le entusiasma. Mientras conversamos, hay muchachos jugando y hablando en otra mesa, además de la entrada y salida de gente, hijos que vienen con sus padres a consultar, así como adultos que vienen por las últimas novedades en venta. En ningún momento existió silencio alguno, al contrario, la puerta siempre estaba abierta para quien quisiera entrar en busca de algún juego o quizás, algo de compañía siempre necesaria en este paraje llamado Aysén.
por Andrés Latorre, Ariele








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