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A 11 días de las elecciones, Manuel “Chilote” Anabalón vive la recta final de su campaña al Senado con el mismo entusiasmo con que inició: caminando, conversando y compartiendo con las personas en sus hogares. “Estoy con harto entusiasmo, con harta felicidad, con harta euforia en esta campaña, y esa euforia me la ha dado la gente en los puerta a puerta.
“El recibimiento ha sido infinitamente mayor a lo que yo esperaba”, comenta el candidato, quien ha recorrido localidades como La Junta, Cisnes, Coyhaique y Puerto Aysén, en una campaña que define como “austera, con las patas y el buche”.
Su propuesta política nace desde el contacto directo con las comunidades y desde su identidad como un hombre común, sin pasado en la política tradicional.
“La gente me manifiesta estar decepcionada de los políticos tradicionales. Están contentos de que haya un rostro nuevo y me imploran a todos sus santos que yo sea electo, porque se sienten representados en mi persona”, señala.
El tono ciudadano y la cercanía han sido su sello. Manuel no ha necesitado grandes recursos para instalar su mensaje: ha fabricado sus propias palomas, ha compartido mates con vecinos y ha recorrido kilómetros de caminos rurales. “Me han visto mojado, repartiendo mis volantes, y eso la gente lo ha valorado mucho”, afirma.
Entre las principales demandas que ha recogido en sus recorridos, Anabalón destaca tres temas que, dice, “se repiten en todos los hogares”: el acceso a la vivienda, la salud y las pensiones. “Hay gente viviendo en malas condiciones, sin agua potable, con casas deterioradas. En pleno 2025, tenemos familias tomando agua con gusanos. Nuestros adultos mayores viven con pensiones que no alcanzan ni para calentar la casa o comer en el día. Eso no tiene color político, tiene falta de humanidad”, enfatiza.
El candidato plantea que su mirada social no distingue ideologías. “Yo, Manuel Anabalón, siempre lo bueno lo he destacado venga de donde venga, y también he criticado lo malo venga de donde venga. Lo bueno y lo malo tienen un solo nombre. Aquí lo que falta es humanidad de nuestras autoridades, un poquito de corazón”, reflexiona.
Industria acuícola y desarrollo regional
Otro de los ejes de su discurso es el desarrollo económico con responsabilidad social y ambiental. Consultado sobre la industria salmonera, Anabalón reconoce su importancia, pero critica la concentración de beneficios. “Sabemos que hay un monopolio en la prestación de servicios. Tres o cuatro personas se quedan con todo. Me gustaría que fuera más diverso, que la gente con embarcaciones pequeñas también pueda trabajar con la salmonicultura”, plantea.
A su juicio, la clave está en ampliar el acceso a oportunidades y promover el emprendimiento local. “La industria salmonera, en vez de ganarse el cariño de la gente, no lo está haciendo, teniendo la gran oportunidad de hacerlo. Propongo crear emprendedores, que la gente pueda vender productos derivados del salmón, que el pescado sea más asequible. Somos los segundos productores del mundo, pero pocos podemos comer un trozo de salmón”, afirma.
Sobre la ley Lafkenche, considera que su actual aplicación “entorpece las inversiones” y aboga por su revisión. “Si se encasilla en el objetivo para el que fue creada, se pueden hacer grandes cosas. Es el nuevo ciclo de la pesca artesanal: criar locos, producir todo el año y dar empleo en las islas”, dice.
Una nueva forma de hacer política
En el cierre de la conversación, Manuel Anabalón reafirma su convicción de que la política puede volver a tener sentido. “Las semanas distritales no pueden ser vacaciones. Hay que trabajar, asistir al Congreso y rendir cuentas. Con el sueldo que ganan los parlamentarios, me daría vergüenza no asistir a una sesión”, sentencia.
“Esto hay que tomárselo como un trabajo para la comunidad. No para los partidos ni los parlamentarios. Si queremos un mejor país, hay que poner en el centro del debate las necesidades de la gente. Solo así vamos a cambiar Chile”, concluye el candidato.










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