Las aguas cristalinas que bañan Puerto Bertrand se convirtieron este fin de semana en el epicentro de la pesca recreativa regional. Sin embargo, detrás del campeonato organizado por la Municipalidad de Chile Chico, se desplegó un silencioso pero estricto operativo de conservación. En la inmensidad de la cuenca del Lago General Carrera, el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) articuló fiscalizaciones para proteger uno de los ecosistemas dulceacuícolas más prístinos del planeta.
El despliegue no solo exigió licencias al día. La principal batalla en estos parajes es microscópica: el Didymo, un alga invasora que amenaza con asfixiar los cauces patagones. Los inspectores reforzaron el mantra de bioseguridad entre los competidores: remover, lavar y secar los aparejos tras cada jornada.
La vigilancia se extendió a Puerto Tranquilo, Bahía Murta y Puerto Ibáñez. Desde el aire, un dron financiado por el Gobierno Regional peinó las aguas del lago en busca de redes furtivas, un arte letal y prohibido. El saldo fue impecable: cero redes caladas. «Demuestra que es posible promover una pesca recreativa respetuosa», valoró Daniela Leiva, directora regional de Sernapesca.
Pero la Patagonia impone distancias implacables. Ante la lejanía de las oficinas en Puerto Aysén, el servicio tejió una red de apoyo vital, capacitando a Carabineros de los recónditos retenes de Puerto Guadal y Puerto Tranquilo. Una alianza estratégica para que la ley ambiental no sea letra muerta.








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