En una región donde la educación superior opera como la principal barrera contra el éxodo juvenil, INACAP Sede Coyhaique inauguró su año académico con un foco estratégico: retener el talento en Aysén. A través de una doble jornada de inducción, la institución recibió a sus nuevos estudiantes con un programa diseñado no solo para orientar sobre la malla curricular, sino para forjar un sentido de comunidad que resulta vital para evitar la deserción en zonas extremas.
Más allá del recorrido técnico por laboratorios y la presentación de los equipos académicos, la estrategia apuntó a la cohesión social temprana. Las actividades buscaron anclar desde el primer día los valores de innovación e integridad. Patrice van de Maele Silva, vicerrector de la sede, dimensionó el objetivo de este primer encuentro: «Estas jornadas trascienden la recepción tradicional. Son una oportunidad para que el estudiante asuma el protagonismo de su proceso, valorando el trabajo colaborativo. Esos sellos son fundamentales para proyectarse de manera positiva».
Respaldada por siete años de acreditación de excelencia a nivel nacional, la sede regional asume el desafío de conectar sus aulas con las urgencias territoriales. En un mercado laboral aislado, esta bienvenida institucional deja de ser un hito protocolar para convertirse en el primer eslabón formativo de los profesionales que sostendrán el tejido productivo del sur austral.








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