Tal como se venía anunciando hace años, Japón, finalmente comenzó el vertimiento de aguas residuales de la planta nuclear de Fukushima, severamente dañada por el terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo de 2011, más de doce años después de ocurrida la catástrofe y la emergencia nuclear más importante de la historia, solo comparada con Chernóbil.
El primer ministro nipón, Fumio Kishida, anunció hace tan solo 48 horas, la fecha de la liberación de estas aguas al Océano Pacífico. No obstante, el plan para esta polémica acción se venía elaborando desde hace varios años y ya el 2019, el gobierno japonés advertía la falta de espacio para el almacenamiento de estas aguas radioactivas, que hasta la fecha, consisten en 1,3 millones de toneladas, utilizadas en la refrigeración del material radioactivo de los tanques de la central nuclear, posterior a la destrucción de los generadores de emergencia del sistema de refrigeración y la explosión por fusión nuclear que liberó peligrosas cantidades de material radioactivo. Esto, por causa del tsunami de 14 metros que asoló Fukushima, posterior al terremoto grado 9 que también afectó al lugar.
El plan de vertimiento de estos líquidos residuales, según explica la empresa eléctrica Tokyo Electric Power Company (TEPCO), ha consistido en exhaustivas filtraciones de estas aguas mediante el Sistema Avanzado de Procesamiento de Líquidos (ALPS), para eliminar los isótopos radioactivos como el yodo-129 y el estroncio-90. Sin embargo, el tritio, isótopo radiactivo del hidrógeno es imposible de eliminar con métodos actuales. Aún así, TEPCO asevera que aquello no presenta mayor riesgo ya que el tritio no tiene la capacidad de penetrar la piel humana y que las aguas residuales depuradas poseen una radiactividad muy diluida que no significa un peligro para la humanidad ni los ecosistemas oceánicos.
Se prevé que los japoneses liberen aproximadamente 7.800 metros cúbicos de estos residuos durante 17 días, por un túnel submarino hasta un kilómetro de las costas de Japón. Posterior a este límite, se suspenderá el vertido que permitirá al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la organización de vigilancia nuclear de la ONU, realizar en conjunto con TEPCO, las investigaciones para la detección de anomalías tanto en los equipos de descarga como de la dilución de estas aguas residuales, todo esto, según consigna CNN.
Se promedia que la liberación total de los residuos sea de aproximadamente tres décadas.
Reacciones y protestas
Sin embargo, este plan no convence a todos y se registran protestas en Japón, lideradas por la Federación Nacional de Comitivas Pesqueras niponas quienes argumentan que no existen las suficientes garantías sobre la no afectación de los ecosistemas marinos que son la fuente de sustento de estas comitivas. Además, daña profundamente la comercialización de sus capturas, debido a la perpetuación del estigma que cae sobre la pesca de la zona desde el 2011. A ellos, se suman diferentes organizaciones ambientalistas como Greenpeace y diferentes voces del mundo científico, que manifiestan su disconformidad con las acciones de TEPCO y el gobierno japonés, ya que no se posee suficientes estudios de los efectos del tritio a largo plazo en los ecosistemas marinos, así como la posible acumulación de desechos radioactivos en el océano, calificando la decisión como prematura y desacertada. Hasta el momento, se realizan diferentes llamamientos para protestar en diferentes aglomeraciones urbanas del país.
Mientras que en Corea del Sur, se realizan protestas ciudadanas entre las que se cuenta, la organizada por el Partido Democrático, opositor al actual gobierno surcoreano, por la decisión tomada por Japón. El primer ministro, Han Duck-soo informó que “se estableció una línea directa para compartir información rápidamente en caso de una situación anormal. El gobierno planea mantener las actuales restricciones a la importación de productos del mar hasta que el pueblo surcoreano se sienta aliviado”, señaló el jefe de gobierno, llamando a la calma y a no dejarse llevar por informaciones falsas y rumores políticos infundados y pidiendo «confiar en el gobierno y la ciencia», según publica CNN.
China, por otra parte, ha tomado esto como una afrenta. Mediante comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores, señalaron que el océano “es propiedad común de toda la humanidad” y la decisión es “extremadamente egoísta y un acto de irresponsabilidad (…) heredando una herida abierta a las futuras generaciones de la humanidad”. Inmediatamente, la Aduana del gigante asiático, anunció la prohibición de importar todos los productos marinos provenientes de Japón, determinación que le puede costar más US$1.100 millones en pérdidas para los nipones ya que China y Hong Kong son sus mayores compradores, según consigna la BBC.
Finalmente, en la otra cara de la moneda, tanto Estados Unidos como Taiwán, han entregado sus respectivos espaldarazos a Japón, aceptando el plan de vertimiento de aguas residuales y que el tritio contenido tendrá un mínimo impacto en el Océano Pacífico.







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