La Región de Aysén, uno de los territorios más vastos y despoblados de Chile, está experimentando una notable reactivación económica tras un período de incertidumbre. Lejos de la fragilidad, los indicadores actuales muestran un dinamismo que, según las autoridades, sienta las bases para un futuro más sólido. El motor de esta recuperación tiene un nombre claro: la inversión pública. Así lo ha confirmado el Seremi (Secretario Regional Ministerial) de Economía, Felipe Rojas Pizarro, en el programa Puntos de Vista de Radio45Sur.
«La reactivación económica es uno de los grandes desafíos», admitió Rojas en conversación con el periodista Hugo Araya Leiva. Después de enfrentar un PIB regional adverso hace apenas unos trimestres, el escenario actual es radicalmente distinto. «Hemos visto un crecimiento notable del 9,6% en el último trimestre del año pasado y un 8,5% en el primero de este año, con lo cual completamos nueve trimestres de crecimiento», detalló el secretario, subrayando un cambio de tendencia que devuelve el optimismo a la Patagonia.
La columna vertebral de este impulso es, en palabras del propio personero de gobierno, una inversión pública «bien monstruosa». Proyectos de infraestructura en caminos, vivienda, salud y educación, enmarcados en el Plan de Desarrollo de Zonas Extremas, están generando un movimiento económico sin precedentes. «Ese proceso ya está en curso, ya hay ejecución de obras», afirmó Rojas, reconociendo que esta inyección estatal es el principal hilo conductor del volumen macroeconómico de la región. Sin ella, explicó, «no habría ningún proceso reactivador con las cifras que hoy mencionamos».
El doble filo del sector privado
Si bien el Estado marca el ritmo, el sector privado no se queda atrás. La salmonicultura y la acuicultura continúan siendo actividades de gran relevancia, no solo en su fase primaria de cultivo, sino también en el valor agregado que generan las plantas de proceso. Sin embargo, el desafío, según la autoridad, es armonizar su crecimiento con el bienestar de las comunidades y el ecosistema.
El turismo es el otro gran pilar. Aysén se aleja del modelo masivo para apostar por uno más selectivo y sostenible, que busca «no impactar finalmente en las comunidades». En este sentido, la colaboración público-privada es clave, como en la reciente apertura a concesiones hoteleras en Parques Nacionales, una medida que busca mejorar la infraestructura sin sacrificar la esencia del destino. «Hay que integrar a la población que vive en las distintas comunidades en los beneficios del turismo», enfatizó el Secretario Regional Ministerial.
Paralelamente, un tejido de pequeñas y medianas empresas está comenzando a diversificar la matriz productiva. Destilerías que producen licores y gin con botánicos locales como el maqui o el calafate, productores de berries que ya exportan pulpas y jugos, y una incipiente floricultura, están abriendo mercados de nicho en el exterior. «Son productos que se conectan con el patrimonio cultural de la región y salen al mundo», destacó Rojas Pizarro.
Los desafíos: capital humano y valor agregado
A pesar de las cifras azules, Aysén enfrenta retos estructurales. Uno de los más complejos es la brecha de capital humano. Muchas actividades productivas, desde la minería hasta la propia salmonicultura, requieren mano de obra cualificada que no siempre se encuentra en la región, lo que obliga a recurrir a trabajadores de otras zonas del país. Para atajar este problema, se está fortaleciendo la formación técnica local para alinearla con las necesidades del sector productivo. «Necesitamos que la academia esté volcada en la ciencia aplicada y sus procesos de transferencia tecnológica a las empresas locales», puntualizó el titular de economía.
El otro gran desafío es consolidar el salto desde la materia prima al producto con valor agregado. No se trata solo de cosechar la fruta, sino de transformarla, envasarla y comercializarla con una identidad patagónica que justifique un mayor precio en mercados exigentes. Para ello, la estrategia se centra en privilegiar «calidad por sobre cantidad», buscando nichos que estén dispuestos a pagar por la exclusividad y sostenibilidad que ofrece Aysén.
Con un robusto plan de inversión pública garantizado para los próximos años y un sector privado que busca su propio camino entre la tradición y la innovación, la economía de Aysén se encamina a un período de consolidación. El reto, concluyen desde el gobierno regional, es que este crecimiento sea sinónimo de desarrollo, asegurando que sus beneficios se queden en el territorio y mejoren la calidad de vida de quienes lo habitan durante todo el año.








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