En la inmensidad de la Patagonia chilena, donde las distancias se miden en horas de navegación y no en kilómetros de autopista, la política adquiere un cariz de supervivencia. Andrea Macías Palma, ex gobernadora regional de Aysén y diputada electa para el periodo 2026, lo sabe bien. En su paso por el segundo capitulo de Por Pavimentar, el nuevo espacio de conversación política de Radio 45 Sur conducido por Alvaro Contreras, la autoridad socialista ha trazado las coordenadas de su inminente salto al Congreso Nacional en Valparaíso. No será un viaje ligero de equipaje: lleva consigo la promesa de no desconectarse del territorio y una defensa férrea del rol del Estado en las zonas extremas.
La transición desde el ejecutivo regional al legislativo nacional supone un desafío personal y político. Macías, acostumbrada al ritmo 24/7 de la gobernación, se enfrenta ahora a la “burbuja de Valparaíso”. Ante la pregunta de cómo aquilatará el despegue de su zona de confort, la diputada electa es pragmática pero sentimental: “El costo principal de estar en política es familiar”, admite, aunque asegura que mantendrá su residencia en Aysén, regresando cada semana distrital. “Que el cuerpo aguante”, sentencia, como una declaración de intenciones frente al desarraigo que suele afectar a los parlamentarios de regiones remotas.
La batalla por la energía y la autonomía
Si hubiese que resumir la prioridad legislativa de Macías para su primer año, esta sería la energía. Aysén vive una paradoja: es una reserva de agua dulce y potencial hidroeléctrico, pero sus habitantes pagan algunas de las tarifas eléctricas más altas del país debido a su condición de sistema aislado.
Macías reivindica el rol que jugó el Gobierno Regional bajo su mandato al financiar los estudios que permitieron destrabar la discusión de la Ley de Sistemas Medianos. “Hay un problema estructural: tener por ley un solo actor en el sistema que genera energía”, explica, refiriéndose al monopolio vertical existente. Su objetivo es claro: sacar la discusión de la retórica y llevarla a la técnica legislativa para lograr una rebaja efectiva y una autonomía real.
Pero la autonomía no es solo energética. En una crítica directa al centralismo de Santiago, Macías aboga por el traspaso de competencias en áreas clave como el turismo y la administración de áreas silvestres protegidas. Su diagnóstico sobre Sernatur (Servicio Nacional de Turismo) es lapidario: “Aplica política pública centralizada en las regiones”. Para la futura diputada, es inconcebible promocionar destinos icónicos como las Capillas de Mármol sin tener la infraestructura habilitante —alcantarillado, muelles, conectividad digital— para recibir a los turistas sin colapsar las pequeñas localidades.
La incertidumbre en el Senado y la unidad regional
El escenario político de Aysén vive días de incertidumbre respecto a su representación en la Cámara Alta, tras las dudas sobre la asunción del senador electo Miguel Ángel Calisto. Frente a este vacío legal y la falta de jurisprudencia, Macías opta por la cautela institucional, pero con una premisa clara: Aysén no puede permitirse perder un escaño.
“El mejor escenario es que la región de Aysén no pierda un cupo en el Senado”, afirma, evitando entrar en la refriega partidista sobre quién debería ocupar el asiento en caso de un fallo adverso contra Calisto. Su visión apunta a la conformación de una “bancada regional” transversal, capaz de superar las trincheras ideológicas en temas críticos como la conectividad y la salud, aunque reconoce la dificultad de alinear posturas cuando los intereses partidarios entran en juego.
La línea roja: El Estado como motor
Quizás el momento más definitorio de la entrevista con Contreras llegó al abordar las «líneas rojas» de su futura gestión. En tiempos donde discursos libertarios y de reducción del gasto público ganan tracción, Macías se planta firme desde la realidad patagónica.
“La región de Aysén no debiera tener un voto para (José Antonio) Kast”, lanza, aludiendo a la derecha conservadora. Su argumento es económico y social: Aysén depende en un 80% del sector público y solo un 20% del privado. “La región más subsidiada de Chile es la región de Aysén”, recuerda. Para Macías, cualquier intento de “reducir el Estado” es una amenaza existencial para la zona.
La diputada electa desgrana las cifras: 18.000 millones de pesos sólo en subsidios al transporte (barcazas, avionetas), sin contar la educación, la salud o las bonificaciones a la inversión. “Cuando se habla de reducir gasto público, es imposible que eso no afecte a la región”, advierte. Su mensaje final es una defensa del modelo de bienestar en territorios donde el mercado, por sí solo, no llega: “Nos atendemos en el único hospital que hay, que es público. Nuestros hijos van a colegios públicos”.
Con esa declaración de principios, Andrea Macías cierra su participación en Por Pavimentar. Se prepara para cambiar las oficinas de Coyhaique por el hemiciclo, llevando consigo la convicción de que, para Aysén, el Estado no es un problema a resolver, sino la única carretera posible hacia el desarrollo.








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