Paulina Hernández Sánchez, una de las integrantes más jóvenes del Consejo Regional (CORE) de Aysén y representante de la provincia General Carrera, encarna una nueva generación política que intenta cerrar la brecha entre la planificación centralista de Santiago y la cruda realidad de localidades como Puerto Río Tranquilo o Chile Chico. En una reciente entrevista para el ciclo Conversaciones con el Gobierno Regional de Aysén de Radio45Sur, Hernández, quien transita su segundo periodo consecutivo, ofreció una mirada crítica y pragmática sobre la gestión pública en zonas extremas. Lejos de la autocomplacencia, la consejera expuso las fracturas de un sistema donde la metodología de evaluación social choca frontalmente con la dispersión geográfica.
El laberinto administrativo
“Uno visualiza una dejación, un olvido, porque el Estado no mira la región”, sentenció Hernández. La consejera pone el dedo en la llaga de uno de los problemas endémicos de la administración pública chilena: los tiempos muertos. Según relata, existen proyectos de electrificación, como el de las cuencas del lago General Carrera, que llevan 14 años en tramitación. «Dentro de los beneficiarios iniciales hay personas que ya han fallecido», lamenta.
Para Hernández, el problema no reside únicamente en la voluntad política local, sino en una arquitectura institucional —que incluye a la Contraloría y al Ministerio de Desarrollo Social— cuyos tiempos no conversan con la urgencia de los vecinos. “A veces nos demoramos tres, cuatro, seis meses en una toma de razón”, explica, detallando cómo la obsolescencia técnica obliga a reevaluar proyectos una y otra vez, encareciendo los costos finales para el Estado.
Su gestión, sin embargo, exhibe victorias tangibles contra este aislamiento. Hernández destaca con orgullo haber logrado que el 100% de la provincia General Carrera cuente hoy con subsidios de transporte, tras cerrar la brecha pendiente en Puerto Río Tranquilo. Un hito que define como un «check» personal de gestión bien hecha.
La trampa de la rentabilidad social
Uno de los puntos más álgidos de la conversación giró en torno al Plan Especial de Zonas Extremas (PEDZE), la gran billetera de inversión para regiones rezagadas. Aunque Hernández reconoce la importancia de estos fondos, critica duramente que la vara de medir siga siendo la misma que en el resto del país.
“Lo que cambió es la metodología de evaluación, pero nos siguen midiendo por la cantidad de personas que somos y no porque lo merecemos o lo necesitamos”, argumenta. Para la consejera, aplicar criterios de densidad poblacional en la Patagonia es una condena al subdesarrollo, perpetuando situaciones indignas como la de adultos mayores de 35 años que aún carecen de servicios básicos sanitarios.
Envejecer en el sur del mundo
Aysén enfrenta una transición demográfica acelerada, con una población rural que envejece en condiciones de soledad y aislamiento. Hernández, quien preside la comisión social, aboga por una política regional del adulto mayor que trascienda lo asistencial.
“Cambiamos las pastillas por las zapatillas”, ilustra, refiriéndose a la necesidad de fomentar la actividad física y la integración, pero advierte que el Estado debe llegar antes. La falta de infraestructura adaptada y la dificultad de acceso en zonas rurales convierten la vejez en un desafío logístico y humano.
Una política de «camisetas» regionales
Pese a las dificultades, Hernández rescata el clima de colaboración dentro del cuerpo colegiado, destacando una «bancada juvenil» transversal que ha logrado anteponer los intereses regionales a las trincheras partidistas. «Cuando uno quiere poner en valor a las comunidades, uno se saca la camiseta del partido», afirma.
Con la sinceridad que la caracteriza, Hernández también mira hacia su propio futuro político con desapego al sillón. Defensora de la renovación —o «darle tiraje a la chimenea», como se dice en Chile—, considera que dos periodos son suficientes para aportar y luego dar paso a nuevas voces. «Lo peor que nos puede pasar es ser egoístas en un terreno donde trabajamos para todos», concluye.
La entrevista deja entrever que, aunque se han logrado avances como el modelo de parto seguro en Chile Chico, la batalla contra el centralismo es de largo aliento. En Aysén, donde el clima no perdona, la paciencia de sus habitantes tampoco es infinita.


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