La región de Aysén, históricamente marcada por el aislamiento geográfico y la postergación estatal, parece haber encontrado un nuevo ritmo administrativo. Al cumplirse el primer año de mandato del actual Gobierno Regional, en manos de Marcelo Santana Vargas, las cifras sugieren un golpe de timón: de ocupar los últimos lugares en la tabla de eficiencia nacional, la región ha saltado al quinto puesto en gestión presupuestaria, ejecutando cerca de 70.000 millones de pesos (unos 80 millones de dólares), lo que representa una ejecución superior al 75%.
«El mayor hito ha sido ordenar la casa», sentencia Omar Muñoz Sierra, jefe de la División de Planificación y Desarrollo Regional (DIPLADE), en una entrevista concedida al programa Por Pavimentar de Radio45Sur. Para Muñoz, la clave ha estado en una reestructuración orgánica que ha permitido «destrabar» una cartera de proyectos que acumulaba polvo y retrasos burocráticos, revitalizando iniciativas que llevaban años en el limbo administrativo.
El PDZE: La carta de navegación de la década
Sin embargo, la mirada de la administración regional no está puesta en el corto plazo, sino en la próxima década. La joya de la corona es el Plan Especial de Desarrollo de Zonas Extremas (PDZE), una estrategia aprobada recientemente que contempla una inversión titánica de 1.600 billones de pesos para los próximos diez años (firmado recientemente por el Presidente Boric en compañía del Gobernador Santana).
El diagnóstico es claro y la asignación de recursos lo refleja: el 70% de este presupuesto se destinará a combatir el dolor crónico de la región, la conectividad. La Carretera Austral, puertos y aeropuertos serán los principales beneficiarios de esta inyección de capital. «Es lejos la carta de navegación más relevante para la región», asegura Muñoz.
Pero el cemento no lo es todo. El plan también busca saldar deudas en infraestructura social y deportiva. Entre las obras emblemáticas que ya han solicitado fondos para iniciar su ejecución este año, destacan el edificio fundacional de la Universidad de Aysén —frente al campus Patagonia—, un polideportivo de «primer nivel», y la reposición del Hospital de Coyhaique, cuyo diseño comenzará el segundo semestre, una obra crítica para la autonomía sanitaria de la zona.
Aysén Azul: El giro hacia el mar
En un territorio donde la identidad suele asociarse a la pampa y la montaña, el Gobierno Regional busca reorientar la brújula hacia el Pacífico con el «Plan Aysén Azul». Este programa pretende rescatar el potencial del litoral, a menudo olvidado por el centralismo regional.
Con una inversión inicial superior a los 9.000 millones de pesos a través de organismos como CORFO e INDESPA, el plan busca potenciar a la pesca artesanal y a las pymes costeras. Además, aborda urgencias básicas en localidades insulares como Melinka, donde se proyectan soluciones de alcantarillado y una planta eléctrica híbrida para reducir la dependencia del diésel.
Sobre la tensión latente entre la industria acuícola y la conservación ambiental, Muñoz adopta una postura pragmática, apostando por la zonificación del borde costero para permitir la convivencia de usos. «Si la pesca y la acuicultura estornudan, la región se resfría de inmediato», admite, reconociendo el peso de una industria que representa más del 30% del PIB regional.
La batalla por la descentralización
El avance en gestión local choca, no obstante, con las rigideces del Estado unitario. En un movimiento audaz, el Gobierno Regional de Aysén ha llevado ante la Contraloría una «contienda de competencias», exigiendo el control sobre la administración de la Zona Franca, actualmente en manos de delegados presidenciales. Es la segunda vez en la historia de Chile que se presenta un recurso de esta naturaleza, tras un intento de Magallanes.
El escenario político nacional, con la figura del presidente electo José Antonio Kast en el horizonte, plantea interrogantes sobre el futuro de la descentralización. Para el personero del Gore Aysén “la descentralización tiene un techo para no pasar a ser un sistema federal, pero la expectativa es que avancemos».
Para Aysén, el 2026 se perfila como un año decisivo. Con la caja ordenada y los planes maestros aprobados, el desafío ahora reside en materializar las promesas de hormigón y dignidad en uno de los territorios más indómitos del sur del mundo.








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