En su primer despliegue político para tomar el pulso a las urgencias, la nueva delegada presidencial regional, Luz María Vicuña, congregó a los alcaldes de Aysén en una cumbre destinada a alinear la agenda del Gobierno de José Antonio Kast con las demandas históricas de las comunas. El encuentro buscó fijar un canal directo y operativo entre el Ejecutivo y los ediles, quienes administran territorios cruzados estructuralmente por el aislamiento y las brechas de conectividad.
Vicuña fue tajante al delinear el tono de su mandato frente al déficit de Estado en la zona. «Vimos sus prioridades y las cosas que quedaron sin resolver. El presidente fue muy claro: lo que no se ha hecho antes no es excusa para nosotros; lo abordaremos», aseguró la autoridad, reconociendo en los jefes comunales a los sensores más precisos de la realidad social local.
La sesión, que combinó presencialidad y conexión telemática —fiel reflejo de la compleja geografía aysenina—, logró convocar a nueve de los diez alcaldes de la región, abarcando desde el archipiélago de las Guaitecas hasta Villa O’Higgins, con la sola excusa por fuerza mayor de Cochrane.
Desde el municipalismo, la señal fue de pragmatismo republicano. El alcalde de Cisnes, Francisco Roncagliolo, valoró la apertura de «canales de comunicación directos» para destrabar el desarrollo comunal. En la misma línea, la alcaldesa de Tortel, Marisela Jiménez, transparentó la presión que viven las zonas extremas: «Tenemos hartos requerimientos y mucho que gestionar; esta instancia nos permite proyectar un trabajo conjunto que es vital para nuestros habitantes».








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