La geografía de la Patagonia occidental es un arma de doble filo: sus canales protegen de los temporales, pero funcionan como una trampa a nivel microscópico. Una reciente investigación científica reveló que las zonas de los fiordos de Aysén con menor renovación de agua y escasa mezcla son los puntos críticos donde las Floraciones Algales Nocivas (FAN) concentran sus toxinas, contaminando severamente recursos pesqueros vitales como el chorito y la cholga.
El hallazgo, publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin, analizó un evento tóxico registrado en 2019 en el fiordo Puyuhuapi y el Seno Magdalena. El equipo multidisciplinario, liderado por Patricio A. Díaz del Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (UdeC), demostró que la estructura física del océano determina el grado de toxicidad. La estratificación del mar —capas de agua que no se mezclan— permite que distintas especies de microalgas se acumulen en delgadas franjas. Al alimentarse por filtración, los bivalvos absorben rápidamente altas dosis de toxinas lipofílicas, como el ácido okadaico.
Para el litoral aysenino, donde la extracción mariscadora es un pilar económico y alimentario, esta investigación traza una hoja de ruta ineludible. Comprender cómo la nula corriente potencia el envenenamiento de los ecosistemas es crucial para modernizar las redes de monitoreo y establecer alertas tempranas precisas, protegiendo la salud pública y la pesca artesanal.








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