En un territorio donde la ruralidad extrema suele conspirar contra los indicadores de calidad, la educación pública de Aysén asestó un golpe a la estadística. El Sistema Nacional de Evaluación de Desempeño (SNED) otorgó la distinción de Excelencia Académica (2026-2027) a 27 establecimientos administrados por el Servicio Local de Educación Pública (SLEP). El hito no es menor: el 71% de los recintos premiados en la región pertenece a la red estatal, demostrando que en el fin del mundo el Estado sigue siendo el principal motor de movilidad social.
El reconocimiento premia los resultados académicos, la equidad y la gestión en escuelas tan disímiles como la céntrica Pedro Quintana Mansilla en Coyhaique o la remota Escuela de Repollal en las Guaitecas. Gonzalo Torrejón, director (s) del SLEP, dimensionó el logro: «Trabajar por mejorar la educación en la Patagonia no es una frase vacía, es un compromiso diario por aprendizajes profundos frente a la adversidad geográfica».
La distinción trae consigo una inyección económica directa al salario de profesores y asistentes. Para comunidades como la Escuela Baquedano, que recupera este sello tras 20 años de sequía, el premio fue un revulsivo emocional. «Vi lágrimas en nuestros funcionarios; valida un esfuerzo familiar de casi 60 años», confesó su directora, Paula Sánchez.
La excelencia pública en Aysén, respaldada además por inéditos puntajes regionales en el Simce, reafirma que el talento patagón no depende del código postal ni del copago.








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