La Región de Aysén se encuentra en un punto de inflexión. A punto de cumplir un año de gestión, la administración del Gobernador Regional Marcelo Santana ha puesto sobre la mesa una carta de navegación que pretende definir el destino del territorio para los próximos diez años. El arquitecto detrás de esta estrategia es Omar Muñoz Sierra, jefe de la División de Planificación y Desarrollo Regional (DIPLADE), quien en el programa Conversaciones con el Gobierno Regional de Aysén y su Consejo, emitido por Radio45Sur, desgranó los pilares de un plan que busca, ante todo, vertebrar una región históricamente desconectada.
Muñoz, una figura con peso propio en la política local tras su paso por la alcaldía de Coyhaique y la dirección de Corfo, ejerce hoy como el hombre de confianza del gobernador Santana en la tarea de transformar las promesas de campaña en hormigón y políticas públicas. La joya de la corona de esta gestión es el Plan de Desarrollo de Zonas Extremas, una iniciativa que movilizará una inversión histórica cercana a los 1.800 millones de dólares.
«Esta es la hoja de ruta más relevante que tendrá la región», sentenció Muñoz durante la entrevista. El diagnóstico es claro: el principal freno para la competitividad y la calidad de vida en Aysén es la falta de infraestructura. Por ello, el 70% de este plan maestro está focalizado exclusivamente en conectividad. Las obras contemplan desde la pavimentación de la emblemática Carretera Austral (Ruta 7) hasta la modernización de puertos estratégicos como Chacabuco, Cisnes y Aguas Claras, además de mejoras aeroportuarias y conectividad digital. No se trata solo de mover mercancías, sino de integrar localidades aisladas como Lago O’higgins al tejido regional.
El nudo gordiano: la falta de proyectos
Sin embargo, el dinero no sirve de nada si no hay en qué gastarlo. Muñoz reveló con franqueza el escenario crítico que hallaron al asumir el mando: una «situación de aletargamiento» y la inexistencia de una cartera de proyectos robusta. «Uno de los déficits que tenía la región era que no había una cartera a la cual recurrir teniendo los recursos», explicó el jefe de la DIPLADE. Los municipios, a menudo desbordados y con escasa capacidad técnica, no lograban llevar sus iniciativas a la fase de ejecución.
Para desatar este nudo, el Gobierno Regional ha implementado una estrategia de «preinversión». La maniobra consiste en inyectar recursos directamente a las municipalidades, no para obras inmediatas, sino para la contratación de asistencia técnica: arquitectos, ingenieros y especialistas capaces de diseñar los proyectos y obtener la recomendación social (RS) necesaria para su financiación. «No es llegar y decir ‘mañana hacemos el puente’. Eso lleva una mecánica de suelo, topografía, diseño… la paciencia de la gente a veces no entiende esos plazos, por eso tenemos que adelantarnos», argumentó Muñoz.
Eficiencia y fricción con el nivel central
La gestión de Santana parece haber encontrado la fórmula para mover la aguja burocrática. Según cifras oficiales citadas por Muñoz, el Gobierno Regional ha escalado hasta el quinto lugar nacional en eficiencia de ejecución presupuestaria, un salto cualitativo respecto al desorden administrativo inicial, lo que les ha valido un premio a la eficiencia de 400 millones de pesos.
No obstante, el tono conciliador se endurece al mirar hacia los ministerios. Muñoz aprovechó los micrófonos para lanzar una advertencia a los sectores del gobierno central con baja ejecución en la zona. La DIPLADE, que monitorea el Programa Público de Inversiones (PROPIR), ha detectado carteras ministeriales que no están cumpliendo con el gasto programado. «Si un sector no ejecuta su presupuesto, no pierde el sector, pierde la región», advirtió Muñoz, señalando que el Consejo Regional ya ha citado a los responsables para exigir explicaciones.
Bajo el eslogan «Aysén vuelve a crecer», la administración regional busca trascender la mera administración de fondos para asumir un liderazgo político en el desarrollo económico. Desde la reactivación de la Zona Franca hasta el impulso a las pymes y la infraestructura social —incluyendo la reposición del Hospital de Coyhaique y diez nuevos estadios—, la apuesta es alta. Aysén intenta dejar atrás la improvisación para entrar en una década de planificación rigurosa, donde la geografía deje de ser una barrera para convertirse, finalmente, en una oportunidad.








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