En nuestra región, donde el rigor del clima obliga a pasar gran parte del año a resguardo, el entorno del aula es vital. Entendiendo esto, los equipos de Fundación Integra en Aysén han decidido agacharse y mirar sus jardines desde la estatura de un preescolar. Es el primer hito de su programa formativo 2025-2026, una cruzada para rediseñar la educación inicial desde la empatía espacial y emocional.
Bajo la premisa de crear «Ambientes para el encuentro», las educadoras recorrieron sus recintos con una nueva óptica. Analizar la infraestructura, los recursos y los tiempos desde la perspectiva infantil permitió diagnosticar falencias y proyectar interacciones más protectoras e inclusivas, rompiendo así la tradicional verticalidad del mundo adulto.
«Uno de nuestros grandes logros es la formación continua de los equipos. En educación siempre debemos buscar estrategias que motiven a los niños en espacios seguros y confortables», detalló Verónica Cárcamo, Jefa Territorial de Calidad Educativa en Aysén.
A días de arrancar el ciclo parvulario, Cárcamo envió un mensaje a las familias del territorio: «Les damos la confianza de que tenemos profesionales capaces de relevar las necesidades de las infancias de hoy». Una silenciosa revolución pedagógica para que, frente al desafío de habitar el extremo sur, los primeros pasos de los niños se den en un ecosistema hecho a su justa medida.








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