El Gobierno Regional de Aysén ha puesto en marcha el «Plan Aysén Campo Vivo», una ambiciosa estrategia dotada con una inversión inicial de 16.000 millones de pesos de fondos regionales (FNDR) para los próximos cuatro años, destinada a transformar el futuro del sector silvoagropecuario y de las comunidades rurales de la región. La iniciativa, uno de los pilares del programa del gobernador Marcelo Santana, busca no solo mejorar la competitividad productiva, sino también, y de forma crucial, «contribuir al arraigo de las comunidades rurales», un desafío clave ante el envejecimiento de la población y la migración de los jóvenes.
Los detalles del plan fueron expuestos por el ingeniero agrónomo Ramón Henríquez Raglianti, encargado de su coordinación desde la División de Fomento e Industria (DIFOIC), durante una entrevista con el periodista Hugo Araya Leiva en el programa «Conversaciones con el Gobierno Regional de Aysén y su Consejo». Henríquez desgranó un diagnóstico preocupante que justifica la urgencia de esta nueva hoja de ruta: a pesar de una inversión pública superior a los 35.000 millones de pesos en el sector desde 2010, la masa ganadera ha disminuido drásticamente. «Teníamos alrededor de 300.000 ovinos en 2007 y hoy no superamos los 170.000. En bovinos, hemos pasado de casi 200.000 a 130.000», detalló. La contribución del sector al PIB regional ha caído a apenas un 0,9%.
«Algo pasa, que se invierte mucho en el sector, pero el sector no muestra un crecimiento», reflexionó Henríquez. Para cambiar esta tendencia, el plan propone un giro metodológico fundamental: la construcción de políticas públicas desde el territorio. La estrategia se basa en un «pacto» entre el sector público, el mundo privado y las propias comunidades. «No queremos construir iniciativas detrás de los escritorios, sino en conjunto con los sectores productivos y la gente de la ruralidad», afirmó.
Para ello, se ha conformado un comité central que incluye al Gobierno Regional, la Seremi de Agricultura, y cinco organizaciones de agricultores y ganaderos que garantizan una representación territorial diversa, desde La Junta en el norte hasta Baker en el sur. A partir de octubre, equipos del plan visitarán todas las localidades de Aysén para levantar demandas, identificar problemas y definir prioridades junto a los propios habitantes.
Una mirada integral más allá de la ganadería
El «Plan Aysén Campo Vivo» no se limitará a la ganadería tradicional. Su enfoque es integral y abordará oportunidades de diversificación productiva donde la región tiene un enorme potencial. Actualmente, Aysén importa cerca del 80% de las hortalizas y frutas que consume, lo que abre una brecha para fortalecer la producción local.
Además, se impulsarán nichos de alto valor que ya demuestran ser exitosos, como la producción de cerezas, arándanos e incluso vino. «Tenemos condiciones comparativas únicas: una producción más natural, con menos uso de químicos, que permite diferenciar nuestro producto», subrayó el profesional.
Otro de los ejes será atajar los altos costos de producción, especialmente los energéticos, que golpean a los pequeños productores. El plan contempla fomentar el uso de energías renovables no convencionales, como paneles solares o minihidráulicas, aprovechando la nueva normativa de net billing que permite a los agricultores inyectar sus excedentes a la red, reduciendo así sus facturas y mejorando su rentabilidad.
El proyecto también busca poner en valor el patrimonio cultural asociado al campo, apoyando actividades como la artesanía en lana, la soguería o la fabricación de tejuelas, entendiendo que el «arraigo» no solo depende de la viabilidad económica, sino también de la identidad cultural.
Con este enfoque participativo y una fuerte inyección de recursos, el Gobierno Regional de Aysén aspira a que «Aysén Campo Vivo» marque un punto de inflexión, creando un ecosistema rural más dinámico, sostenible y atractivo para las nuevas generaciones.








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