Crisis económica, inestabilidad política, inseguridad. Muchos chilenos probablemente están más ocupados de los problemas que el día a día nos trae; otros incluso prefieren distraerse con los Juegos Panamericanos para evitar pensar en ellos. Sin embargo, hay ocasiones en que es importante abstraerse de lo que ocurre en nuestro país y mirar afuera para poder apreciar los eventos internacionales, no sólo como espectador pasivo, sino como un estudiante interesado en aprender de los aciertos y errores que cometen otros; y las elecciones en el país vecino son una de las mejores fuentes de la cual podemos extraer grandes lecciones en este momento.
Argentina, un país de vasto territorio, gran variedad de recursos naturales y múltiples materias primas, actualmente se encuentra atravesando un momento eleccionario que podría ser decisivo para su historia y un ejemplo para todo el mundo de cómo la suerte de los países depende de la mentalidad que prima en sus ciudadanos. Tras varias décadas de gobiernos de corte “peronista”, un tipo de fascismo surgido a mediados de los años 40 cuando estaba de moda la búsqueda de un “tercer modelo” diferente del comunismo y el liberalismo. Mezcla de fuerte estatismo socialista, intervencionismo económico y nacionalismo populista, el “peronismo” logró amplia adhesión y permeó la sociedad argentina a todo nivel logrando que en los últimos 80 años todos los gobiernos, autoritarios o democráticos, beban de sus postulados en mayor o menor medida.
En palabras del mismo Juan Domingo Perón: “En Argentina hay 30 por ciento de radicales (socialdemócratas), 30 por ciento de conservadores y otro tanto socialistas…, pero ¡peronistas somos todos!”.
Sólo una hegemonía cultural de este nivel puede explicar que, tras décadas de crisis inflacionaria, corrupción y pobreza extrema, el país trasandino haya decidido, contra todo pronóstico, dar por ganador en su primera vuelta electoral a un representante del oficialismo actual. Es de aquí de donde debemos extraer la primera lección de este proceso, para nada alentadora, pero importante de mencionar: una ciudadanía sumida en la pobreza y el populismo con alta probabilidad seguirá votando por lo mismo que conoce pues, guste a quien guste, ya vive de eso. Una población que vive el día a día, acostumbrada por décadas a vivir de los bonos y subsidios estatales, consciente o inconscientemente prefiere la comodidad de seguir viviendo en la sumisión que conoce antes que dar el salto y probar ideas nuevas que le hablan de superación, de libertad responsable y de crecimiento personal. La pobreza material te hace dependiente de otros, pero es la pobreza cultural y espiritual derivada de la perpetuación de esta dinámica, la que finalmente lleva a que te acomodes a esa realidad.
Y a pesar de lo anterior, la esperanza sigue. Por primera vez en décadas pasa a segunda vuelta un candidato totalmente fuera de la lógica peronista, un candidato que se atrevió a hablar de libertad para emprender, de gestión eficiente de los recursos, y lo más importante en nuestro vecino país: de transformar el Estado con reglas claras que enfoquen su acción a los más necesitados, dejando espacio para que sus ciudadanos sean dueños de sus decisiones y su destino. La figura de Javier Milei puede o no gustar en sus formas, pero en el fondo, con su defensa de las ideas que permitan sacar a los argentinos de la pobreza material, ha logrado hacer ver a gran parte de ellos la pobreza cultural y espiritual en que han estado inmersos por años. En el corto plazo ha dado un paso importante en su país, pero es en largo plazo donde nos ha dejado a todos una segunda lección, alentadora y transcendental: “La Libertad Avanza”.
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![[Columna de opinión] El deber de Perdonar.](https://radio45sur.cl/wp-content/uploads/2023/08/sancristobal-1140x570-1-750x375.png)







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