A cuatro años del 62% que rechazó la propuesta de la Convención, el aniversario no debería servir solamente para celebrar una victoria. Para el Gobierno puede ser una oportunidad para recuperar iniciativa y recordar por qué una mayoría terminó diciéndole no al proyecto político que la izquierda intentó plasmar en la Constitución.
Cuatro años atrás, casi ocho millones de chilenos hicieron algo más importante que derrotar una propuesta constitucional. Pusieron un límite.
El 4 de septiembre de 2022, el 61,86% de los electores rechazó el texto elaborado por la Convención Constitucional. Fue una derrota categórica para un proyecto que había comenzado con una legitimidad difícilmente repetible: cerca del 78% había votado por iniciar un proceso destinado a redactar una nueva Constitución.
La izquierda recibió aquella oportunidad y la desperdició.
No porque Chile hubiese rechazado cualquier cambio. Eso sería falsear lo ocurrido en 2020. La perdió porque una parte dominante de la Convención confundió la posibilidad de construir un nuevo pacto constitucional con la oportunidad de rediseñar el país desde una determinada concepción ideológica.
Plurinacionalidad, sistemas de justicia indígena, eliminación del Senado, modificaciones profundas al sistema político y una arquitectura institucional que despertó dudas mucho más allá de la derecha que terminaron configurando un texto que no logró representar al país que debía gobernar.
Y Chile dijo que no. Y lo hizo por 62 a 38.
La izquierda todavía debe hacerse cargo
Cuatro años son suficientes para abandonar algunas explicaciones cómodas.
Hubo desinformación durante la campaña por ambos lados. Hubo exageraciones. Hubo errores comunicacionales. Como ocurre prácticamente en cualquier elección moderna.
Pero ninguna de esas explicaciones puede esconder la magnitud del resultado.
Cuando prácticamente ocho millones de ciudadanos rechazan una propuesta constitucional, explicar la derrota principalmente por las deficiencias intelectuales de quienes recibieron el mensaje es una forma de evitar preguntarse por las deficiencias en si del mensaje.
La Convención tuvo una oportunidad histórica. Y una mayoría de sus integrantes actuó durante buena parte del proceso como si el 78% obtenido en 2020 constituyera una autorización para llevar adelante su propio proyecto de transformación maximalista.
Y no lo era y sigue no siéndolo.
El plebiscito de entrada había entregado un mandato para escribir una nueva Constitución. No había entregado un mandato para que un sector político reinventara Chile a su imagen. El 4 de septiembre los ciudadanos establecieron esa diferencia.
Cuatro años después, Kast debería mirar nuevamente ese resultado
Pero los aniversarios políticos tienen poco valor si solamente sirven para recordar quién ganó y quién perdió.
Para José Antonio Kast, el cuarto aniversario del Rechazo debería constituir algo diferente: una oportunidad para recuperar agenda, y el país necesita que lo haga.
Su Gobierno nació en un Chile muy distinto al que existía cuando comenzó el proceso constitucional. Seguridad pública, crimen organizado, inmigración irregular, crecimiento económico, empleo y capacidad del Estado para recuperar el control efectivo de determinados espacios se han instalado entre las preocupaciones centrales de los ciudadanos.
Y allí existe una conexión política con el 4 de septiembre que el Gobierno debería ser capaz de interpretar.
Una parte importante de aquel electorado no estaba pidiendo una revolución constitucional. Estaba pidiendo que las instituciones funcionaran.
Ese mensaje continúa teniendo vigencia.
Seguridad: del diagnóstico a los resultados
Probablemente en ninguna materia esto sea más evidente que en seguridad.
Kast llegó a La Moneda precisamente después de años en que la seguridad pública pasó desde ser una preocupación relevante a convertirse en uno de los principales asuntos de la política nacional.
Por eso, para su Gobierno el estándar es particularmente alto.
No basta con diagnosticar el problema. Tampoco con recordar permanentemente la responsabilidad de quienes gobernaron antes. Quien construye buena parte de su capital político prometiendo orden será evaluado, inevitablemente, por su capacidad para producirlo.
El cuarto aniversario del Rechazo podría permitir al Gobierno volver a colocar esa prioridad en el centro; control fronterizo, persecución del crimen organizado, recuperación de barrios, respaldo institucional a las policías dentro del Estado de Derecho, sistema penitenciario y expulsión efectiva de extranjeros que legalmente corresponda expulsar, son materias donde el Ejecutivo necesita mostrar conducción y resultados, no destellos ni chispas, sino luz clara de resultados.
Kast tiene además una ventaja que Boric nunca tuvo en esta materia: la seguridad forma parte de la identidad política con la que llegó al Gobierno.
Pero precisamente por eso tiene también menos excusas.
El error que Kast no debería repetir
Aquí aparece, paradójicamente, la principal enseñanza que la derecha debería extraer del 4 de septiembre.
El error de la izquierda no consistió solamente en tener determinadas ideas. Consistió en confundir una victoria electoral con autorización para imponer todas sus ideas simultáneamente.
La derecha debería cuidarse de cometer el mismo error.
El 62% no fue un cheque ideológico en blanco. El plebiscito constitucional de diciembre de 2023 lo demostró cuando los ciudadanos rechazaron también una propuesta elaborada bajo predominio de la derecha.
Ese segundo resultado es una advertencia que Kast debería conservar sobre su escritorio, Chile puede querer orden sin querer autoritarismo; control migratorio sin arbitrariedad; crecimiento económico sin abandonar protección social, un Estado menos burocrático sin un Estado ausente.
Gobernar consiste precisamente en comprender esas diferencias.
El 4-S como punto de partida, no como museo
Por eso no creo que el cuarto aniversario del Rechazo deba convertirse únicamente en una ceremonia de nostalgia para quienes estuvimos aquella noche celebrando.
La derecha ganó una batalla política gigantesca, pero cuatro años después gobierna el país y gobernar es bastante más difícil que rechazar.
El Gobierno de Kast tiene este 4 de septiembre una oportunidad para recordar algo esencial: millones de chilenos frenaron, y frenamos, en 2022 un proyecto que consideraron demasiado distante del país que querían construir, ahora corresponde demostrar cuál es la alternativa.
Si el Ejecutivo utiliza el aniversario solamente para recordar los excesos de la Convención, habrá conseguido una buena conmemoración, si lo utiliza para recuperar iniciativa en seguridad, crecimiento, inmigración y funcionamiento del Estado, puede conseguir algo bastante más importante.
Porque cuatro años después, la pregunta relevante ya no es por qué perdió la izquierda, eso lo respondimos contundentemente los chilenos en las urnas.
La pregunta para Kast es qué hará con la oportunidad política que aquella derrota ayudó a construir. Señor Presidente, estamos esperando.









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