A raíz de las elecciones en Argentina, y en particular al hacer referencia al triunfo de Javier Milei, uno de los comentarios que más se escuchan en los medios de comunicación en estos días ha sido la opinión general de que la situación que enfrenta el Presidente electo no será nada fácil puesto que todos los indicadores muestran que su país se encuentra sumido en lo que se ha dado por llamar “Estado fallido”, vale decir, que ha fallado en garantizar el funcionamiento normal en aspectos esenciales tales como son la administración general, la economía, acceso a servicios básicos y criminalidad entre otros.
Si leemos la definición expuesta en el párrafo anterior, es probable que muchos veamos varios de esos aspectos empezando a asomar en nuestro país, si es que ya no están totalmente presentes (como es el caso de la criminalidad desbordada). Si bien nuestro país no es un “Estado fallido” propiamente tal, está acercándose peligrosamente a serlo. Ante este triste hecho lo primero que debemos hacer, si queremos llegar a las soluciones, es evaluar las causas principales de que hayamos llegado a este estado de cosas, y una de las causas principales (que también podría considerarse válido para Argentina y para cualquier país de Iberoamérica o el mundo) radica en un problema que envuelve a nuestra sociedad y que no discrimina raza, sexo o nivel socioeconómico; mezcla de ignorancia, falta de educación cívica y desafección política, y que genera un tipo especial de individuo en las sociedades que cuando son mayoría entregan el poder, sin querer, a la gente menos indicada. Nos guste o no, la causa matriz de los problemas de un país democrático como el nuestro radica primero que nada en las malas decisiones que toman sus ciudadanos a la hora de elegir sus representantes, porque si no entendemos el voto no solo como un derecho, sino como un deber hacia el país y el resto de sus habitantes viviremos a merced de las malas decisiones tomadas por lo que podríamos llamar “votante fallido”.
El “votante fallido”, aquella persona que usa su voto sin medir la importancia de éste ni las consecuencias de sus elecciones, tiene múltiples formas de presentarse; desde la persona analfabeta a quien “alguien de confianza” le indica media hora antes de asistir al local de votación cual es la opción a marcar, hasta la que vota pensando netamente en conveniencias egoístas y personales. Es por esto que lograr corregir esta masa de electores resulta tan difícil, pues son muchas las razones por las que varias personas básicamente entregan su voto de manera desafectada o lo que es peor lo ofrecen “al mejor postor”. Una democracia cuyos votantes no están preparados para asumir ni entender lo importante de su rol, o que entendiéndolo prefiere guiarse por conveniencias personales desatendiendo así el bien mayor de todos, está condenada al fracaso. Dicho de otra forma, una democracia se convierte en “Estado fallido” cuando es guiada por “votantes fallidos”.
Las soluciones a este problema son variadas: estipular una edad o condiciones mínimas para votar, reincorporar las clases de educación cívica a los colegios, incentivar la participación de las personas en las juntas vecinales o comunales, etc. Sin embargo, ninguno entrega resultados a corto plazo. Con lo anterior en mente, y ad portas de un nuevo proceso eleccionario que goza de nula atracción sobre la población general cobra especial relevancia el que todos aquellos que por diversos motivos nos encontremos más conectados con el ambiente político y con el devenir del país en general podamos educar a la población en la importancia del votar informado e inspirar con buenos ejemplos a las personas, ya que independiente de la opción que se escoja si, como ciudadanos, no tomamos el peso de la situación a tiempo luego no podremos sorprendernos de que nos sigan gobernando aquellos que nos tienen al borde del un “Estado fallido”.
![[Columna de Opinión] El peligro del «Votante Fallido»](https://radio45sur.cl/wp-content/uploads/2023/11/fernando-san-cristobal-750x375.png)







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