Mientras escribo esta última columna del año, sentado frente al Pesebre, con el árbol de Navidad adornado y con la fiesta de Fin de Año a la vuelta de la esquina parece muy poco placentero el seguir hablando de la contingencia y sobre todo de la política nacional. Sin embargo, ad portas de la última semana del año, es necesario hacer una reflexión de lo que este 2023 nos dejó en cuanto a aprendizajes para así poder enfrentar los desafíos que, nos guste o no, el próximo 2024 nos traerá. Obviamente con lo anterior nos vemos en la obligación de hacer recuerdo del último plebiscito que tuvimos este mes y que simbolizó, en apariencia, el cierre de un proceso iniciado de manera violenta hace 4 años y mal encauzado desde su origen por nuestra clase política. Porque si algo debimos aprender en este último año es que los problemas de nuestra sociedad no fueron culpa de un modelo o constitución “impuesto en dictadura”, como si no hubieran pasado 30 años de democracia en los cuales, independiente de su origen, pudimos modificar el sistema para mejorarlo y comprobar en las cifras como el país creció. El verdadero malestar en este país se instaló hace cerca de 10 años cuando, en el segundo gobierno de Michelle Bachelet, la izquierda logró instalar la idea de que la desigualdad era el problema y la redistribución la solución; poniendo así en práctica reformas de corte socialista que ahogaron el modelo que hasta ese momento nos había permitido ir creciendo como sociedad y al cual solo había que hacer los ajustes y modernización necesarios para permitir una mejor ayuda a los más pobres, bajando así los obstáculos a las oportunidades que nuestro país nos permite. En resumen, en vez de “ponerle patines” a los que les faltaban, la izquierda decidió volver a sus ideas originales y sacárselos a todos.
Nivelar para abajo nunca fue más fácil, sobre todo considerando como, desde la otra vereda del espectro político, abundó la comodidad y la falta de defensa a las ideas que hacen progresar a los países y sus habitantes. Comprada la idea por parte de la clase política de que los problemas actuales de Chile derivaban del modelo y no de las malas reformas implementadas sobre éste no es de extrañar que, tras los ataques terroristas al metro de Santiago en 2019, decidieran culpar a la constitución de todos los males que ellos habían causado o cuando menos no habían intentado evitar. La constitución nunca fue el problema o la causa del malestar ciudadano, y su cambio no resolverá los problemas del Chile actual. Fue esta necesidad de enfocarse en las urgencias sociales la que nos movió como partido a rechazar este proceso constitucional desde sus inicios y probablemente fue lo que motivó que la mayoría de los chilenos nos diera su apoyo en la campaña por el consejo constitucional. Y fue este mismo hastío, que no logramos encauzar para la campaña del A Favor, la que motivó que muchos consideraran la opción del En Contra como la forma lógica de expresar su descontento y dar cierre definitivo a este engaño respecto de los males del país.
Dicho lo anterior, y con esta lección aprendida, nos toca mirar al futuro y enfrentarlo con optimismo y realidad. Los problemas son varios: delincuencia y narcotráfico desatados, deterioro de la economía y la educación y una inminente crisis de salud que se sumarán a varias otras en curso y a las cuales le pediremos a la clase política que se haga cargo, pero con la salvedad de que, a diferencia de años anteriores, deberemos asumir nuestra propia responsabilidad como ciudadanos en lo ocurrido. Es necesario admitir que, si las malas reformas derivan de malos políticos, éstos a su vez derivan de nuestras malas elecciones. Si como sociedad no fomentamos la educación cívica, somos poco participativos buscando así mantener la comodidad de la vida privada y si consideramos el acto de votar o el rol de vocal o apoderado de mesa menos importantes que el tener un fin de semana tranquilo no nos extrañemos del resultado: malos políticos, malas reformas y un mal futuro.
Tras el fin de la “farra constitucional” nos tocará dejar la zona de comodidad y participar en política para que, en las elecciones de estos dos años que se nos vienen (municipales y regionales en 2024, parlamentarias y presidencial en 2025) podamos elegir buenas personas, con buenas ideas y orientados a buscar lo mejor para el país y no para ellos mismos o su ideología.
Si debemos tener un deseo para este año 2024 es el que aprendamos a ser mejores ciudadanos para así merecer y tener un mejor país.
* Las opiniones y aseveraciones expresadas, son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representa, necesariamente, la línea editorial de Radio 45Sur.
![[Columna de opinión] El deber de Perdonar.](https://radio45sur.cl/wp-content/uploads/2023/08/sancristobal-1140x570-1-750x375.png)







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