La Patagonia chilena es un laboratorio a cielo abierto, pero paradójicamente, las decisiones científicas sobre su vasto territorio solían tomarse a miles de kilómetros de distancia. Ocho años después de la creación del Ministerio de Ciencia a nivel nacional, la Región de Aysén salda una deuda histórica con la instalación de su primera Secretaría Regional Ministerial (Seremi).
Para el consejero regional Benjamín Infante, presidente de la comisión del ramo en el CORE, el aterrizaje de esta institucionalidad «no es sólo un acto administrativo, sino una señal política relevante para una región extrema que históricamente ha debido luchar por descentralizar sus capacidades». Tras una primera mesa de trabajo con la nueva titular, Gabriela Olivares, las autoridades trazaron una agenda común.
El desafío territorial es monumental. La crisis climática, la transición energética y la biodiversidad exigen que la investigación dialogue directamente con las comunidades. «La coordinación estratégica es fundamental para asegurar que la inversión pública responda a nuestras urgencias», apuntó Olivares, anunciando la reactivación del Comité Regional de Ciencia (CTCID), pieza clave para articular al Estado con la academia.
Con una universidad regional y un creciente polo de investigadores, Aysén busca dejar de ser un mero objeto de estudio para convertirse en gestor de su propio conocimiento. «Si queremos transitar hacia un modelo de desarrollo sostenible, necesitamos que la ciencia deje de ser un discurso y se transforme en política pública territorial», sentenció Infante. La brújula científica, por fin, apunta al sur.


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